miércoles, 19 de octubre de 2011
subrealismo magico
Desde todos los tiempos el hombre a estado inmerso en dos tipos de pensamiento; el pensamiento mágico y el pensamiento subrealista, elpensamiento lógico a servido para el desarrollo científico, pero indudablemnte el pensamiento subrealista a servido para recreación del espíritu, para la creación del arte. Indudablemente esta actividad de la psiqui se manifiesta de diferentes manera en todo el mundo, algunas de esta manifestaciones llenas de una riqueza literaria o de conseja que se inseta en las tradiciones. Dentro del territorio antiguo de México en el área llamada Mesoamerica se dio con tal riqueza que el sentimiento mágico y subrealista se mezclaron varavillosamente y en el que se pierde cuando deja de ser mágico y paasa al terreno del subrallismo o a la inversa. En este libro llamado Subrealismo Mágico está lleno de ejemplos; María Luisa, El Espectro de Juan García,pero sobre todo en Cinco Tecolote en que ambas manifestaciones se dan de manera inverosimil y que sin dejar de ser real a cualquier lector le parecería si no un ¨´cuento¨ o una mentira, pasaría en todo caso al plano del surealismo. Parecería imposble integrar ambas formas de pensamiento y sin embargo ahí está, que no es lo mismo como sucede en el relato de El Espectro de Juan García que a partir de un fragmmento de la histopria indígena esta queda como una leyenda y que sobrevivie gracias a la existencia de una aves que parecen imitar el grito guerrero de aquel personaje; en éste caso los fenomenos naturales de una selva; sus sonidos. dan cavida para que perdure esta leyenda que no es el caso de Cinco Tecolote en la que incluso el maestro designado para la lafabetisación de aquella área custodiado con soldados se tuvo que rendir ante una evidencia de dificil explicación. Invito al lector a participar en esta disyuntiva de la realidad.
domingo, 25 de septiembre de 2011
subrealismo magico
Magia y surrealismo en el arte crea estupenda obras, aún en auqellas en que el autor quiso hacer realismo no es otra cosa al final de cuentas que un subrealismo de hermosa creación y si hay que poner ejemplo veamos los hermoso retablos de muchos de los templos católicos esparcidos en el país; verbo y gracia los ángeles, arcángeles y quirubines que de realismo no tiene nada pero de hermosa creación artísitica tiene un todo incluido el toque mágico del creador aunque sea creado por el verbo de la liturgia. Existe también en el arte de la literatura mensajes de críptica envoltura, dificil de desentrañar, que envuelve magia y subrealismo. En el cuento de Maria Luisa, de una mujer joven y hermosa de sospechosa llegada al pueblo, encierra el mensaje de que la belleza y la alegría de cierta manera está supeditada al respeto y gozo de la naturaleza y que cuando esta se pierde se pierde también la laegria de la vida y la belleza que ésta contiene. El envejecimiento del alma es también el envejecimiento del cuerpo. El surrrealismo también se encuentra en forma exajerada pero que encaja bién en la trama en el cuento Despedida Inesperada que es en cierta manera la continuación y final del cuento o relato del Quinto Coloquio. Un hombre enamorado de su pareja pero que sobre él dominó la necesidad de seguir en su caminata casi eterna y decide dejarla sin despedirse personalmente de ella, años después regresa a ella por el solo deseo de saber si tiene el perdón de ella por su ausencia y abrumado por las escenas vividas en ese tiempo, escenas que nada tenían que ver con lo que él buscaba e´para su aprendizaje enla vida, Pero su retorno sin él saberlo, su retorno a la casa que compartió con Daniela, su pareja se dá solo en espíritupues él a muerto en un accidente de carretera, ella, Daniela lo descubre al poco rato de dialogar con el enla sala donde acostumbraban a platicar y oir su música preferida. Eacepta su retorno y le da el perdón para que pueda descansar para su eternidad. Surrealismo puro envuelve éste relato.
jueves, 15 de septiembre de 2011
subrealismo mágico
El subrealismo también juega un importante papel en la psique del hombre, pero sobre todo en el quehacer del artista, sea pintor, músico, escritor, sin que esto quiera decir que el resto de los hombres no tengan esta inclinación y mucho me atrevería a decir que científicos hacen uso de esta cualidad de la mente del hombre para de ahí partir hacia la búsqueda de la verdad lógica. Pero indudablemente es en los artistas que el subrealismo adquiere belleza en su manifestación. En el relato El Guardián, aparentemente su actitud está enmarcado en la cotidianidad, un romanticismo hacia su entorno, pero sobre todo el amor hacia su pareja, pero que al final del relato aparece ese subrealismo manifestado en su máxima expresión
lunes, 29 de agosto de 2011
subrealismo mágico
Subrealismo Mágico
En las polémicas, discusiones de los eruditos, queriendo catalogar las categorías del pensamiento, se llegó a hablar de pensamiento primitivo para diferenciarlo del civilizado; no operó y siguió la búsqueda del término adecuado: Psicólogos y filósofos siguieron la ardua tarea. Se acuñó otro término: pensamiento prelógico, pero este termino no destrababa los problemas filosóficos por lo que también que tuvo que desecharse. Hoy en día se usa el término pensamiento mágico para diferenciarlo de pensamiento lógico y éste termino no separa los estadios culturales por los que ha pasado el hombre por la sencilla razón de que el pensamiento mágico está presente en la sociedad de cualquier época y en cualquier extracto social.
En el mundo indígena mesoamericano, sobre todo en el actual, esta presencia forma parte o constituye una parte de su ser, los resabios de un pensamiento dialéctico otrora en el mundo prehispánico se diluyó ante la ausencia de sus dirigentes que fueron inmolados en la conquista, hoy, el indígena de cualquier parte del territorio mexicano y de acuerdo con sus características regionales o del asomo de su religión indígena que hace simbiosis con la cristiana, se manifiesta. Por ejemplo en relato Alegoría de un Tonal, está manifestada ambas posiciones; la cristiana y la prehispánica. Dentro del cristianismo, la criatura nacida, debe llevar como primer nombre la que corresponde de acuerdo con el santoral, es decir, si nació el día de San Francisco este debe ser su apelativo principal aunque se le agregue otro; ejemplo Francisco Manuel. San Francisco será su nahual, es decir su ser protector, con los indígenas operaba de la misma manera; si nació un día Conejo o un día Viento, pero en las zonas rurales, con un cultura más limitada, al nacer la criatura, el padre salía al día siguiente y ver en las huellas que animal había pasado por su jacal y de acuerdo con esas huellas dejadas, si ésta era de una culebra el niño sería coatl, es decir culebra. Esto es parte intrínseca de un pensamiento mágico en ambas culturas.
En las polémicas, discusiones de los eruditos, queriendo catalogar las categorías del pensamiento, se llegó a hablar de pensamiento primitivo para diferenciarlo del civilizado; no operó y siguió la búsqueda del término adecuado: Psicólogos y filósofos siguieron la ardua tarea. Se acuñó otro término: pensamiento prelógico, pero este termino no destrababa los problemas filosóficos por lo que también que tuvo que desecharse. Hoy en día se usa el término pensamiento mágico para diferenciarlo de pensamiento lógico y éste termino no separa los estadios culturales por los que ha pasado el hombre por la sencilla razón de que el pensamiento mágico está presente en la sociedad de cualquier época y en cualquier extracto social.
En el mundo indígena mesoamericano, sobre todo en el actual, esta presencia forma parte o constituye una parte de su ser, los resabios de un pensamiento dialéctico otrora en el mundo prehispánico se diluyó ante la ausencia de sus dirigentes que fueron inmolados en la conquista, hoy, el indígena de cualquier parte del territorio mexicano y de acuerdo con sus características regionales o del asomo de su religión indígena que hace simbiosis con la cristiana, se manifiesta. Por ejemplo en relato Alegoría de un Tonal, está manifestada ambas posiciones; la cristiana y la prehispánica. Dentro del cristianismo, la criatura nacida, debe llevar como primer nombre la que corresponde de acuerdo con el santoral, es decir, si nació el día de San Francisco este debe ser su apelativo principal aunque se le agregue otro; ejemplo Francisco Manuel. San Francisco será su nahual, es decir su ser protector, con los indígenas operaba de la misma manera; si nació un día Conejo o un día Viento, pero en las zonas rurales, con un cultura más limitada, al nacer la criatura, el padre salía al día siguiente y ver en las huellas que animal había pasado por su jacal y de acuerdo con esas huellas dejadas, si ésta era de una culebra el niño sería coatl, es decir culebra. Esto es parte intrínseca de un pensamiento mágico en ambas culturas.
sábado, 27 de agosto de 2011
Subrealismo mágico
En las polémicas, discuciones de los eruditos, queriendo catalogar las categorias del pensamiento, se llegó a hablar de pensamiento primitivo para diferenciarlo del civilizado; no opero y siguió la búsqueda del termino adecuado, psicólogos y filósofos siguieron con la ardua tarea. Se acuñó otro término: pensamiento prelógico, pero éste téermino no destravaba los problemas filóficos por lo que también tuvo que deshacerse; hoy en día se usa el término de pensamiento mágico para diferenciarlo del pensamiento lógico y éste termino no separa los estadios culturales por los que ha pasado el hombre por la sencilla razón de que el pensamiento mágico está presente en la sociedad de cualquier época y en cualquier extracto social.
En mundo indígena mesoamericano, sobre todo en el actual, ésta presencia forma parte o constituye uan parte de su ser. Los resavios de un pensamiento dialéctico otrora en el mundo prehispánico se diluyó ante la ausencia de sus dirigentes que fueron inmolados en la conquista, hoy, el indigena de cualquier parte del territorio mexicano y de acuerdo con sus caractereísticas regionales o del aasomo de su religión antigua que hace simbioses con la cristiana, se manifiesta. Por ejemplo en el relato Alegoría de un Tonal está manifestado ambas posiciones: la cristiana y la prehispánica. Dentro del cristianismo la creatura nacida debe llevar como primer nombre la que corresponde de acuerdo con el santoral, es decir si nacio en día de San Francisco éste debe ser su apelativo aunque le agreguen otro; ejenplo Francisco Manuel..San Francisco será su nahual, es decir su ser protector. Con los indígeaas operaba de la misma manera; si nacio un dia conejo o un dpia viento, pero en las zonas rurales. con una cultura más limitada, al nacer la creatura, el padre salia al día siguiente que animalito habia pasado por su cabaña y de acuerdo con las huellas dejadas, si ésta era de una culebra, el niño sería coatl, es decir culebra. Esto es parte intrinsica de un pensamiento mágico en ambas culturas.
martes, 23 de agosto de 2011
A mis lectores...
Libro "Recuerdos en planos diferentes"
En ésta serie de relatos se habla el indígena mexicano, de su espíritu, de sus inconformidades, de sus penas, de su ingenuidad –en el sentido limpio de la palabra- ejemplo de ello en La Huida o en la Alegoría de un Tonal, que aunque en éste caso se trate de un grupo mestizo veracruzano no por ello deja de tener los remanentes del espíritu indígena aunque lo nieguen cuando ellos mismos hacen las comparaciones. También se habla de sus problemas de marginación que les ocasionan los caxlam –mestizos—que les arrebatan sus tierras. Se habla de la memoria de una herencia cultural que se trasmiten en forma oral, que en ocasiones se transforman en leyendas. La miseria de de estos grupos, casi esclavitud, ya los dibujó magistralmente B Traven en su Rebelión de los Colgados. Los chicleros, en el Primer Coloquio, aunque no indígenas, se retrata como a finales de los años cincuenta se daba la supra explotación en las selvas mesoamericanas. Pero también se habla como la herencia filosófica del mundo mesoamericano prehispánico –hago inca pié en lo de prehispánico puesto que la palabra mesoamericano o mesoamérica empieza a tener ahora en tiempos modernos mayor uso, pero sin que tenga el mismo contenido cultural, solo geográfico- ésta herencia aunque en diferentes formas y texturas, acompaña a algunos indígenas que se convierten en guardianes de tal sabiduría y son guías naturales de sus pueblos. Veos en el inicio, con esos encuentros, es el caso del Primer Coloquio que aparece don Lucino, como el primer indígena que me induce a algo más y seguro sin pretenderlo. Después, en el Segundo Coloquio llamada La Epístola de don Pedro, ya con mayor certeza y seguridad, habla del conocimiento filosófico que una vez tuvo el pueblo indio. Es en el Quinto Coloquio donde con mayor madurez se manifiesta la sabiduría de estos hombres. Pero no fueron los únicos, que aunque aquí solo hable de dos de ellos, los hubo y los hay en otras regiones del país. En el norte entre seris y ópatas o en Veracruz y en Oaxaca. Sería una tarea ardua y fuera del propósito de estos escritos, llevar –aunque sería de justicia- a cada uno de ellos a manifestarse como ilustración de ese conocimiento.
Se quiso aquí también reseñar parte de un conocimiento práctico y en un área especifica; la medicina natural. Algo que se le ha pasado a los investigadores de éstas prácticas, es que ellos, los curanderos, médicos indígenas, han alcanzado las especializaciones. Así como en la medicina moderna hay médicos generales, los hay también entre los curanderos indígenas, pero así como especialistas los hay en la medicina contemporánea, los hay también entre ellos; es decir, que hay curanderos -o chamanes sin el adjetivo de brujo según la concepción occidental- que se especializan en problemas cardiovasculares: en El Ritual del Venado lo vemos. Verdaderos sabios que logran curaciones inverosímiles a pacientes desahuciados. Los hay quienes se dedican a la cura de los riñones, al cáncer –algunos tipos de cáncer- o a la cura rápida de úlceras estomacales. Así un sin fin de especialistas desapercibidos, pero que ya empiezan a manifestarse en la Enciclopedia de la Medicina Natural, desafortunadamente bastante restringida en su divulgación, pues ésta solo se encuentra en internet.
A partir de movimiento Zapatista de los indígenas chiapanecos se ha abierto una rendija para un mayor y mejor futuro de la divulgación de una cultura marginada. Por lo pronto ya tenemos escritores que publican en su lengua natural; maya, nahua, mixteco, zapoteco. Creo, pronto veremos publicados otro tipo de sabiduría.
En estos relatos se muestra un asomo de una cosmovisión cósmica. En mi libro La Dialéctica en el Pensamiento Mesoamericano, libro estrictamente filosófico, hago una incursión de su cosmovisión –la prehispánica- que se manifestó en prácticamente todas las áreas de sus actividades, desde matemático y geómetras, arquitectos y urbanistas, artesanos y médicos, organización social que se manifestaba en su pureza en los llamados calpulis. Y esta herencia, aunque bastante mutilada está en ellos, ejemplo de ello lo vemos en la armonía en que viven con la naturaleza. Hoy existe un ejemplo contundente de esta aseveración. Los indígenas mayas de la selva de Kalamul se han organizado, sin olvidar que viven en una época industrial, en sus respectivas comunidades y viven de lo que la naturaleza les da y restituyen a la naturaleza lo que toman. Explotan el chicle y la madera de sus bosques pero restituyen inmediatamente lo que toman; sus viveros son extensísimos y sus abonos totalmente naturales y no menosprecian la computadora y el internet. A sus hijos los van educando con el respeto a la naturaleza y la educación con los avances que la ciencia otorga. Es una hermosa toma de conciencia. Estos relatos van dirigidos al publico con la esperanza firme y segura que encontrarán la comprensión hacia estos grupos, pero en especial a ellos, que, creo, lograrán sus objetivos: la armonía con la naturaleza.
miércoles, 1 de junio de 2011
RECUERDOS EN PLANOS DIFERENTES
Ayudado por el viento cálido del desierto sonorense, la sombra avanzaba, no perezosamente sino más bien agotada. Era una sombra que no era proyectada por nada corpóreo, era en sí cuerpo y sombra en una sola entidad. Maza inexistente contradiciendo las leyes y normas de la dialéctica. Desdibujo de la filosofía que lo mantuvo como caminante por décadas. Fue Heródoto y fue Nigromante. Heródoto por que al igual que aquel quiso ver por sus propios ojos los axiomas de la naturaleza y las sociedades, Nigromante porque en las noches, en montañas o en alcobas charlaba con sus muertos. Planos de luz iridiscente o planos cubiertos por la atmósfera nocturna, ambas ricas de vida que se extiende a las consejas de los hombres. Orquídeas guardando el néctar y el agua de las madrugadas. Alba que da además de su tenue luz, gotas de agua cristalina. Eran sus vagos recuerdos en medio del agotamiento y la insolación. ¿Puede acaso una sombra tener agotamiento e insolación? Aunque fuera de lógica el ver la sombra aquella avanzar de esa manera podía asegurarse que así era. Sombra que causaba lástima. Se detuvo en un aguaje encontrado o empujado por alguien para que de sus aguas se refrescara; ella, la sombra, se diluyó en la superficie cristalina, remanso del panorama carente de petunias y rosas, pero que a cambio ofrecía rojiza flor de cactus y estas se tachonaban por cientos en sus bastas llanuras. Flor de cactus como avanzada del fruto milagroso, para que el chamán ópata o yaqui extraiga su sabiduría, regalo del desierto que hará que el hombre practique la danza, que haga de la danza el ritual de la vida.
La sombra diluida en ese pequeñísimo cristal líquido quiso atrapar las voces del pasado y de por allá, como salido de alguna cueva una voz fue armando palabras, palabras que al principio parecían no tener sentido ni cordura, palabras que requerían una máxima concentración para aceptar como correcta la idea expresada. Pero. ¿Quién hablaba de esa manera? ¿Quién se expresaba al parecer de manera tan críptica? Puso atención.
-“...como se nos presenta al punto se presenta como un casi caos. Hay mucha discontinuidad en la suma total de la experiencia de lo que comúnmente suponemos. Las partes distantes del mundo físico están en todo momento ausentes de nosotros y forman objetos sumamente conceptuales...” La sombra ilógicamente se frotó la frente tratando de entender esas palabras salidas de alguien que poco a poco fue cobrando forma. Diluido al principio finalmente lo vio con claridad. Era Jesús, amigo estimado con el que se enfrascaba de continuo en polémicas de tipo filosófico y la sombra también fue cobrando forma hasta verse sentado frente a Jesús en el jardín de su casa campestre.
-¡Qué sandeces estás diciendo Jesús- se oyó refutar a su amigo- Lo conceptual sería en todo caso la explicación de origen y movimiento, más no lo objetos que en sí existen, tengamos o no experiencia sobre su existencia.
-No he terminado cuate- Contestó Jesús lacónico y mordaz queriendo matizar como de buen humor la respuesta.- El núcleo objetivo de la experiencia de cada hombre- continuó Jesús- su propio cuerpo es, ciertamente, un percepto continuo y así lo es también el entorno material de tal cuerpo-. Terminando de expresar la idea Jesús se recargó en el respaldo del sillón ante la mirada de los otros tres amigos que oían la polémica de Jesús con Él. Se soslayó pensando que se había ganado un punto. Pero Él no quedó conforme y volvió a la carga.
-Ahora quieres matizar el cierre de tu perorata con un disque cierre dialectico cuando es más sencillo decir que el percepto continuo de la experiencia del hombre está sujeto precisamente a la experiencia y explicación que se da sobre su entorno.- Jesús abrió sorpresivamente los ojos que no esperaba tal respuesta. Los tres amigos que en silencio participaban solo pudieron decir que no entendían ni madres de lo hablaban y decidieron que era mejor volver a servirse una cubas más. Jesús y Él los aplaudieron y extendieron sus vasos para que les sirvieran una nueva cuba. La tarde y el jardín con sus aromas de buganvilia los trasladaban a la ensoñación, pero Virgilio, uno de los amigos que participaban en la reunión y dueño de una fina ironía cuando se trataba de joder a alguien, bebiendo de un sorbo su cuba, limpiándose con los dedos el líquido que le escurría por los densos bigotes, dijo como al desaire.
-Bueno, amigos aristotélicos, supongo que he aprendido algo más, porque eso de la acumulación de la experiencia para explicarnos nuestro entorno, yo lo he confirmado, de una manera más objetiva y popular, es decir entendible, porque a fuerza de probar todos los mezcalitos que se venden en Oaxaca, llegué a la clara nitidez de en qué sitio se encuentran los mejores, esos que se llaman de goteo, y que son una verdadera delicia, sobre todo si se acompañan con unos gusanitos ricamente asados.
Los cuatro restantes amigos se atacaron de risa y es que Virgilio, además de su fino humor, un buen humor que se antojaba eterno, ya que en las buenas y en las malas jamás dejaba de lado su sonrisa y la broma, gozaba de un profundo conocimiento de la filosofía popular, se entendía perfectamente con cualquier extracto de las clases populares, pero además era dueño de una cultura y conocimiento de las artes universales añadido a ello una extraordinaria memoria e intuición. Era sabido que cualquier extranjero de extracción artística o historiador sobre todo el europeo que visitaba Oaxaca, no podría presumir de haberla conocido si no tenía una charla con él. En su casa, en Oaxaca, tenía constantemente este tipo de visitas. Cuando Él, en algunas ocasiones estuvo en Oaxaca y caminando por sus calle en su compañía y se topaban con algunos de ellos, era casi mágico, o traían en la memoria una descripción o fotografía de Virgilio, porque nos detenían y a Virgilio le preguntaban emocionados -¡Eres tu Virgilio!- Virgilio socarrón se volteaba a verlo a Él diciendo –No te lo dije_ Los visitantes continuaban con su explicación. –Venimos de Alemania - o de Holanda según el caso- y unos amigos nos recomendaron buscarte, precisamente ahorita venimos de tú casa. ¡Qué suerte encontrarte! Así era esta suigeneris personalidad de Virgilio.
¡Cuantas ocasiones haciendo el viaje a México desde Chiapas se desviaba a Oaxaca, con la sola idea de estar unos días con Virgilio y oír lo que parecían grandes mentiras! Porque así eran sus pláticas, salpicadas con una verbena de tan rico sabor que fácilmente se extraviaba de la realidad, o se confundía entre la realidad y la fantasía sin saber en qué plano quedaba uno ubicado. En una ocasión viajando con Virgilio por la sierra mixteca llegaron a una ranchería perdida en las escabrosas inmensidades del territorio. Después de saludar al propietario de la humilde vivienda que los vigilaba desde su poltrona en que se encontraba sentado cien o mas metros antes de que ellos llegaran, Virgilio se sentó tranquilamente al lado del viejo como si se conocieran de años, él hizo lo mismo pero no con la seguridad del amigo.
-Me llamo Virgilio- Se presentó, extendiéndole la mano.
El viejo extendió también su brazo para rozar ligeramente la mano de Virgilio que sonreía cínicamente y con enormes ojos saltones en que se adivinaba la sorpresa de la visita no esperada, muchos menos anunciada y quién sabe si deseada y sin embargo atinó a decir tímidamente: Bien venidos- refiriéndose a Virgilio y a Él que permanecía mudo.
-Parecen pintores- continuó el viejo entrando poco apoco en confianza.
-Yo soy pintor- contestó Virgilio sin abandonar la sonrisa que lo caracterizaba- y mi amigo es escritor y andamos por estos rumbos porque sabemos que se consigue un buen mezcal de goteo.
Él se quedó sorprendido ante la tamaña aseveración de Virgilio, aunque la verdad el mismo ignoraba el motivo de esa caminata por la sierra y no era extraño ya que las más de las veces esas caminatas eran así, sin propósito claro o plan preconcebido, eran las típicas caminatas para encontrar lo que las sorpresas les regalara, que ciertamente muchas de ellas fueron de contenido riquísimo. El viejo se les quedó viendo rascándose el mentón y su escaso pelo blanco que se le erizaba agudo; miraba a uno y luego volteaba toda la cabeza para ver al otro un tanto incrédulo del motivo que daba Virgilio.
-Que yo sepa, por acá no hay destilerías- les anunció inclinando ligeramente el cuerpo hacia ellos, como si esa noticia fuera causar estragos en el ánimo de los caminantes, pero tanto Virgilio como Él permanecieron como si fueran palabras tiradas al viento. Socarronamente Virgilio desvió la plática hacia otros temas. Nada de cómo está el clima, o de qué pasó con la cosecha, o de las actitudes de los caciques o de sus eternas miserias, que va, preguntó si aún era tiempo de los escamoles, si se podría conseguir un chumpipe. Eran preguntas más cercanas a la cotidianidad de estos hombres de la montaña. El viejo dejó a un lado su desconfianza y se enfrasco entusiasmado en la plática con Virgilio que se manifestaba maestro para acomodarse en cualquier grupo o núcleo social. Al día siguiente, después de un sencillo desayuno nos despedimos del viejo cargando cada uno una botella de litro de un delicioso mezcal de goteo. Virgilio se había salido con la suya, pero cómo supo que ese viejo tenía un alambique casero ¿Era intuición de él, o dueño de un finísimo olfato? la verdad, eran cosas que para Él no había respuesta.
Diluido estos recuerdos, regresó hasta la mesa en el jardín de la casa de Jesús al lado del resto de los amigos pero sin abandonar la sonrisa que tales recuerdos a lado de Virgilio en aquellos parajes de la sierra mixteca le ocasionara. Parecía que Virgilio había adivinado o sospechado el por qué de aquella sonrisa, porque socarronamente y dirigiéndose a Él le preguntó a boca jarro.
-¿De qué te acordaste cuate? Seguro de algo interesante en la que estuvimos los dos.
-Ahora confirmo el dicho de porque dicen que eres un genio.- Contestó Él ya atacado de risa.
-¿Por qué me dicen genio? Interrogó Virgilio- Pensé y siempre creí que el genio era Jesús.
-Ambos lo son- Contestó Él atacado ya en verdaderas carcajadas.- Ambos se aparecen cuando se destapa una botella.-Los demás amigos se sumaron a la contagiosa risa de Él.-Simplemente para confirmar tu genialidad me acordé del viejo aquel de Santa Clara, que solamente por tu capacidad de genio fue que supiste que tenía alambique, pero lo más genial fue la manera que indujiste al viejo a que nos regalara ese mezcal tan rico. Pero otros fueron los ganones y lo digo por mi caso, aunque no me duele, al contrario, me da gusto, ya que el litro de mezcal que me tocó, se lo tomó mi padre en una noche en compañía de un amigo ingeniero que no dejaba de exclamar que jamás había tomado un coñac tan exquisito; mi padre no lo sacó de su error.- Los cuatro amigos volvieron al coro de risas hasta las lágrimas.
-Pss, así es la vida- Filosofó Virgilio- Y qué bueno que lo disfrutó tu papá porque si se hubiera quedado ese mezcal en tus manos, seguro aún estaría por ahí tapadito y virgen. Esas joyas son para disfrutarlas inmediatamente.
-Si y no te doy la razón- Contestó Él- Es cierto, ese mezcal era una verdadera joya del destilado de goteo, seguramente el viejo invirtió una semana en cada botella y por lo tanto el disfrute debería ser así, poco a poco y no en una sola noche como lo hizo mi padre. Pero, y lo vuelvo a repetir, no me dolió y qué bueno que lo disfrutó al lado de ese amigo suyo.
Desafortunadamente Virgilio, aquel buen amigo y al que conoció en su tierra natal cuando llegó a ella llevando una exposición de figura humana al desnudo, se perdió en la bohemia, esa mala interpretación del abordaje del arte, en el que se pierden tantos valores tanto en el arte como en general en el intelecto. Años después se enteraría de su muerte allá por Venezuela, país al que llegó en busca de más aventuras.
Mientras tanto, en ese jardín, y sobre esa mesa las cubas se seguían sirviendo. Virgilio socarronamente y con el afán de meter algo de cizaña, continuó con la broma filosófica. -Me van a perdonar que haga uso de la dialéctica-y al decirlo volteaba a ver a Santos y a Él que adivinaban que se avecinaba una nueva broma y que los atraparía una nueva hilaridad de risa, así que esperaron sin interrumpir a que siguiera hablando Virgilio.
-Y según se en la dialéctica existe la lucha de contrarios, que llevándolo a planos corrientes diría verdad y mentira.
-Te vas a enredar en galimatías – Intentó interrumpirlo Jesús.
-Déjalo que maneje a su manera la dialéctica- Intervino Él- A mi me divierte, por el tono o la orientación tan llena de bromas, pero sobre todo sus pasajes tan inusuales y fuera de toda realidad posible.
-¡Exacto!- Exclamó Virgilio insuflando la voz y la oración con gestos tranquilos- Lo que les voy a contar está como dice Él, fuera de toda realidad posible y sin embargo, era tangible, es decir que pese a que la realidad acusaba que no era posible, ahí estaba.
-Lo dije- volvió a intervenir Jesús- Te vas a enredar en galimatías, pero anda, como dice Él, nos diviertes.
-Esto no es cosa de diversión sino de sorprenderse como yo me sorprendí.
-Ya no le des tanta vuelta Virgilio –lo apresuró otro de los amigos.
-Fue cuando de castigo por mis travesuras en Oaxaca me mandaron a hacerme cargo de la Casa de la Cultura en Quintana Roo. En uno de esos paseos que hacíamos con unos cuates que me hice de por allá, metidos por varias horas en una de sus selvas, al quitar unos bejucos que nos tapaban la vista, nos topamos con galeón-.Esta última palabra la dijo casi en susurro sin poderse adivinar si lo expresaba así por la inseguridad o para darle más misterio a lo que relataba.
-¿Un qué?- exclamaron en coro todos los amigos, ahora si sorprendidos por lo que estaban oyendo. De Virgilio podría esperarse cualquier cosa. Podría inventar que estuvo en la Patagonia y platicarlo verazmente. Pero un galeón en selvas quintanarroense resultaba como apuntaba Él fuera de toda realidad posible. Jesús se rascaba la cabeza y luego su espesa barba, Alfredo mantenía la boca abierta sorprendido, Él en quietud solo mantenía un par de dedos sobre sus labios, esperando que Virgilio continuara.
-Un galeón. Un Galeón del siglo dieciocho. Mis cuates se asustaron y como eran creyentes de embrujos y fantasmas, no quisieron acercarse, es más, me apresuraron a que nos alejáramos inmediatamente. Así que sin averiguar más, a toda prisa nos retiramos del lugar. Jamás comentamos este episodio a nadie, hasta ahorita que me acorde, quien sabe porqué, y lo platico sin el ánimo de que me crean. Es como dije al principio sobre el asunto de la dialéctica; una verdad que parece mentira.
-Jesús finalmente exclamo-¡Tonterías! Creo que se te paso la mano con la yerbita.
¡Eso!- exclamaron casi al unísono los otros dos amigos.
-Debió ser un Tsunami gigantesco- Dijo en voz baja Él restituyéndole algo de credibilidad a Virgilio o al menos dar pie a no negarle del todo lo platicado y mantener la puerta abierta para encontrar una explicación. Con el tiempo la visión de Virgilio se comprobaba vía la arqueología, ya que en un trabajo de campo, los arqueólogos lo encontraron, pero encontraron también un canal seco que seguramente con la ayuda de un Tsunami el galeón fue arrastrado hasta el sitio en que fue encontrado, pero en la época en que Virgilio relataba esta visión, quedó como una hermosa mentira extraordinariamente contada, y dio pie a un sin número de bromas de los amigos, en la que Virgilio socarronamente añadió sus propias bromas. Obviamente el hermoso galeón pintado por Virgilio, ni era tan hermoso ni tan gallardo como se adivinaba con las expresiones que acompañaba a la plática, en realidad esa embarcación se reducía a un esqueleto sin mástiles y mucho menos huella alguna de velamen; la naturaleza y los hombres que habitaban la región se habían hecho cargo de quitarle el señorío, si alguna vez lo tuvo. Sin embargo, sirvió para que, en una tarde, alrededor de una mesa y amigos como oyentes, Virgilio diera rienda a uno de sus tantos cuentos que con maestría narraba, dejando un buen sabor en su épica narrativa.
Con lentitud armoniosa con los cantos de los insectos de ese atardecer, rebotando en ecos hacia el fondo del barranco, aspirando los aromas de los cafetos que se esparcían por toda la ladera norte de aquel barranco, que cuando cambiaba de orientación el viento aquel aroma de cafeto, cedía su lugar para que las magnolias embrujaran la charla de los amigos. Que si uno insistía, como Jesús, en la filosofía, otros, como Virgilio, se empecinaban en hacer de la dialéctica una charada, o Alfredo que no dejaba de decir que sabía que en cuanto Virgilio hablaba o era para reírse por horas o era para que se enchinara la piel con sus cuentos. Vicente se encargaba de atizar a unos y a otros, siempre cuidando de no tomar partido, era en esencia un buen oidor que lo mismo podía, con argumentos apoyar a Jesús, que darle la vuelta para azuzar a Virgilio o a Alfredo cuando éste hablaba de las sutilezas del espíritu, sobre todo del espíritu creador; en cierta forma Alfredo era el místico, el que encontraba en cada mancha de una puerta de madera manifestaciones de un arte sublime, el que en cada rose de una rama con otra oía sonatas y arpegios, el que se paraba ante una barda encalada en que el tiempo y las lluvias dejaban cuadros para enmarcar y firmar. Y Vicente, trabajando como hormiga pero sin tener esa capacidad creativa, siguiendo los estilos que otros artistas creadores impactaban a la crítica, pero su alma de niño, lo mantenía en la inquietud y las aras de la búsqueda. Ese era el grupo con el que ahora, en ese momento Él convivía, uno de los tantos grupos y amigos que le habían dado su idiosincrasia. Por ahí, remotamente, otro amigo, pero éste muy lejano, en las costas de Chiapas, podía competir con Virgilio en el sabor y deleite de sus historias, aunque éstas y a diferencia de Virgilio, si eran, definitivamente, mentiras, mentiras, pero contadas de tal manera que a sabiendas de que así eran, el oyente siempre quería oír el final de la historia contada.
Él tuvo una vez un árbol; un viejo árbol viejo pero frondoso, lo tuvo cuando por razones de trabajo vivió en las costas de Chiapas. Era un árbol al que a su sombra protectora acudía siempre a la vuelta de sus tantos viajes, sobre todo cuando por las imágenes vividas le habían producido alguna tristeza: la muerte de amigo entrañable o un amor no fructificado. Pero en sus fiebres,-fiebres casi cotidianas desde que quedó afectado por el paludismo contraído en sus rutas de selva- veía los frutos colgando en su viejo árbol, frutos inexistentes pero que en sus calenturas estas se mostraban. Las imágenes se hilvanaban y esos frutos se convertían en corazones. Corazones con su tallo y de un rojo púrpura, corazones que Él creía era los corazones de sus amigos y amigas idos de los parajes de los vivos, acariciaba esos frutos-corazones que por razones mágicas y místicas sabía a quién pertenecía cada uno de ellos. Con actitud panteísta, dialogaba con cada uno de ellos, palabras tiernas o polémicas según a quién perteneciera el corazón-fruto. Descubrió, en otra de las ramas de su viejo árbol, otro corazón-fruto al que identificó de inmediato como el que palpitó dentro del cuerpo de su amigo Romeo, el más mentiroso de los mentirosos y al tiempo el más ameno, el que dominaba el arte de la conversación, el que mantenía en la hipnosis a sus oyentes, fuesen amigos gobernadores o simples pescadores. Y si las fiebres se prolongaban por más de dos días, él creía ver que de los corazones caían gotas de sangre; Veía caer esas gotas en lentitud pasmódica, caían pero no se estrellaban en la tierra, sino que penetraban en ella, como semilla que se disponía a germinar. Él se imaginaba tener en la mano una coa y al estilo del chamán o del tlacuilo se aprestaba a la reencarnación del amigo, si no como mariposa o estrella como era de suponer, tal vez, en alguna otra cosa o forma por Él apreciada. Cuando salía de esas fiebres, lo primero que hacía era correr a ver a su viejo árbol y constatar que ese su viejo árbol carecía de frutos y que su único privilegio consistía en darle paz cada vez que él lo necesitaba sentado bajo su refrescante sombra. Ahí, se fumaba más de un cigarrillo y siempre con la mirada extraviada en los recuerdos o siguiendo con la vista las volutas de humo, que lánguidas se iban a mezclar al ramaje de su viejo árbol.
Un, digamos salud, lo sacó de esos recuerdos. Los amigos, reunidos en el jardín de la casa de Jesús, le extendían su vaso servido generosamente.
-¿Quién es ese Romeo del que murmurabas algo? – Preguntó Alfredo. Él se dio cuenta que su ausencia y traslado a los recuerdos, no había sido totalmente en silencio.
-Un buen amigo de Chiapas, el único que podría competir con Virgilio. Nada más que este amigo si relataba verdaderas mentiras, es decir, cuando se lo proponía. Era un verdadero personaje y conocido en todo el Estado; amigo de gobernadores y caciques, diputados, periodistas, o simples pescadores; buen buceador, que un día se atrevió a decir que había buceado con Jean Cousteau, más bien, que Jean Cousteau había ido a bucear con él. Y sus mentiras eran de tal envergadura y veracidad que era fácil caer en la trampa. A mí me tocó ser protagonista de uno de sus cuentos e incluso le agradecí a algo que no hizo, es decir, hizo, pero solo parcialmente y en intenciones.
-Cuenta- Intervino Virgilio como queriendo conocer a su contrincante.
-Pues ahora si me entusiasma esta historia- Abundó Jesús.
-Es a partir del alzamiento Zapatista. A los dos días de su alzamiento fueron lanzadas tropas paracaidistas en lo que se suponía estaba el centro de la rebelión; mi hijo Jorge era uno de ellos y con el grado de cabo tenía una docena de hombres bajo su mando. El me platicó unos días después que estando enredados entre las ramas de grandes árboles, apareció un helicóptero artillado y empezó a dispararles; con su radio, les gritaba que pararan fuego, qué eran ellos, pero la tropa aérea seguía disparando. Afortunadamente ninguno de sus hombres salió herido. Cuando él me platicó ésta desventura, yo estaba bastante indignado: ¡Qué haces ahí! Recuerdo que le grité. Lo se papá, pero te aseguro que a la primera oportunidad me doy de baja. Pocos días después se le presentó ésta oportunidad. Cuando me lo comunicó yo estaba en Chiapas y me reunía todos los días con mi amigo Romeo al que ya le había platica la aventura de mi hijo. Romeo también estaba muy indignado por lo que estaba pasando: ¡Pinche gobierno!- despotricaba- Como se atreve a tratar a si a su pueblo; indios y tropa es pueblo. Son unos asesinos.-Y lo oían sus amigos de todos los niveles. Recuerdo que antes de regresar a México le había encargado ayudara a mi hijo, ya que su hermano de crianza era en ese momento Secretario de la Defensa. A mi hijo Jorge le avisé si iba a Tonalá no dejara de visitar a Romeo que le ayudaría si tenía problemas. Una semana después Jorge me habló por teléfono a México y me avisó que había estado con Romeo y que se había portado estupendamente en cuanto se presentó y le dijo quién era; un verdadero banquete le regaló. Y aquí viene lo bueno y divertido de esta historia- Hizo un breve silencio que fue aprovechado para beber de los vasos esas ricas cubas, pero todos mantenían la mirada sobre Él que gustaba de la expectativa y suspenso de los amigos.
-Dos meses después tuve que ir a Chiapas, obviamente no podía dejar de visitar a Romeo. Sentados, con las cervezas al frente y un grupo de amigos de Romeo que lo visitaban, el continuó con un platica después de saludarme que al parecer había sido interrumpida con mi llegada.
-Qué bueno que aquí estás, para que confirmes delante de mis amigos lo que estoy platicando- Me intrigó indudablemente saber de qué se trataba y que requería que yo lo confirmara. Romeo continuó.- Y la tropa aérea, desde los helicópteros disparaba a los paracaidistas. –Caí en cuenta que hablaba de mi hijo Jorge y el levantamiento zapatista- A pesar que Jorge, el hijo de mi amigo aquí presente, que era teniente- ya lo había subido de grado- les gritaba que dejaran de disparar no hacían caso y seguían disparando. Era obvio que el gobierno quería muertos entre su tropa para justificar una intervención mayor y acabar con el levantamiento. ¡Pinche gobierno de mierda!- Pareció concluir Romeo, pero aun faltaba lo más picante de la historia.
-Aquí mi amigo presente- cuando dijo esto la docena de amigos presentes picaron con su mirada mis ojos, yo sonreí,- no me dejará mentir, pues ese teniente paracaidista del que les hablo, es su hijo. Mi amigo ya me había avisado que si acaso su hijo aparecía por acá, lo ayudara. Pues un día por la mañana, apareció un muchacho, alto, y muy flaco, sin peinar, con la ropa desgarrada, descalzo casi sangrando los pies, sucio y se notaba, muy hambriento. Cuando preguntó si yo era Romeo inmediatamente adiviné que era el hijo de mi amigo aquí presente. ¿Y tú eres Jorge verdad? Pregunté a mi vez. Ya que me lo confirmó, inmediatamente le ordené a mi cocinero Arce preparara bastante comida para este hambriento muchacho y mientras el comía, ordené a uno de mis empleados que se fuera a la ciudad a comprar un par de mudadas y un par de zapatos. Mientras el muchacho comía, yo sentado a su lado me decía para mis adentros: A que extremos llega un elemento de tropa, sobre todo de élite, que prefiere la mancha de la deserción con tal de no matar indios inocentes. Así llegó tu hijo y como tú me lo recomendaste, lo traté como hijo mío.- Después de éstas palabras Romeo guardo silencio y todos los ahí reunidos consideramos que había terminado su relato.
-Y siempre te estaré agradecido por lo que hiciste por él- terminé por decirlo sinceramente, y no porque esa hubiera sido la verdad, por qué en el fondo esos hubieran sido sus actos. -El resto de los amigos con gestos de admiración, creyeron en él y jamás hubo intención de mi parte de desmentirlo. Además de convincente la relación estuvo salpicada de picardía no expresada, pero que se veía en las pausas que a propósito imponía, sobre todo en la crítica política al Estado y el mal gobierno sin importar que dentro del sistema tuviera compadres, amigos e incluso hermano. Como el caso del Secretario de la Defensa.
-Ese fue mi amigo Romeo les dijo a Jesús, Alfredo, Vicente y Virgilio que habían permanecidos callados.
-Pues si que se lleva fácilmente a Virgilio- dijo Jesús ya con La risa en la boca
-Está grueso,-murmuró Alfredo.
-Puessss, te diré- empezó a decir Virgilio, pero tuvo que callarse cuando los cuatro amigos se atacaron de risa.
Los cinco amigos siguieron en las charadas, incluso Jesús, de la filosofía intentó hacer un par de bromas, pero la picardía en él estaba vedada, esta se encontraba con tanta naturalidad en Virgilio. Alfredo, con el aborrega miento que se pintaba en el firmamento empezó a encontrar escenas que tarde que temprano irían a quedar plasmadas en sus lienzos: y los empezó a describir con la maestría que lo caracterizaba. Él se sumergió en su mutismo enredado en sus recuerdos.
El agua del aguaje inició un vibra miento; quizás una tortuga del desierto se sumergía en el para refrescarse o para beber, o tal vez una de las tantas higuanas cornudas que habitan en estas bastedades hacía los mismo. La sombra se incomodó por la llegada de esos intrusos y decidió salir de ella para continuar su camino.
Arrastrándose se aproximó a La Estancia. Allí, en el portón de entrada un hombre vestido de blanco parecía esperarlo. Conforme la sombra se acercaba se iba irguiendo y cobrando forma. Esta forma se pintó como la de un hombre envejecido, desaliñado, abatido, con una profunda tristeza enmarcada en el rostro.
-No se que te causa más tristeza, si tus dolencias o lo que dejas en el pasado reciente- Le dijo el hombre vestido de blanco a manera de saludo.
-Me dijeron que tu restaurarías mi corazón roto- Dijo la ya no sombra contestando al saludo.- Me pongo en tus manos.
El hombre vestido de blanco le tendió la mano casi arrastrándolo con él hacia el interior de la Estancia. Ese hombre vestido de blanco se llamaba Frías, y era un chamán con título universitario que estaba dispuesto, con mano de artista a restaurar el desastroso daño, su ciencia se humanizaba con la herencia de un conocimiento indígena que sobrevivía y con ello sanar a hombres como a esa sombra que quería retornar para entregarse por completo a su compañera.
Noventa días después, la ya no sombra convertida en un hombre risueño y un cúmulo de proyectos, se despedía del hombre vestido de blanco llamado Frías en el portón de La Estancia con un profundo agradecimiento a ese chamán que quedaría en el registro de su eterno agradecimiento. El sol del verano calentando al extremo las tierras sonorenses se fue quedando en un pasado que por siempre sería para Él un presente.
Coacalco Méx- Banabichi Sonora Mayo 2011
Alfonso Pérez Valdivia.
Los Bárbaros del Norte
A pesar, o precisamente por ello, por mi fiebre, es que pude platicar con la enfermera mi delirio. Si.
“La puerta se abrió violenta. En el marco de ella se dibujó la silueta de un gran oso recortado por la luz de luna llena. Mi mano buscó sigilosa como rápida por debajo de la almohada la pistola. La apreté fuerte, caliente por el largo sueño, luego se escondió bajo la cobija, esperé mientras el oso continuaba en el marco de la puerta en un silencio expectante, inmóvil. Mi cerebro empezó a trabajar rápido, a velocidad vertiginosa. Los minutos se hicieron segundos, pesando como piedra al caer en el lodo; el ojo se agrandó, se hizo agudo, penetrante, imaginando el más leve movimiento del oso. El oído receptor, penetrante, atento. El corazón se detuvo, luego volvió a emprender su marcha con cautela. El aire del pulmón se contenía sin producir ruido alguno; también esperaba.
Luego mi cerebro, ya más sereno empezó a colocar en orden la lógica. Sí, era imposible que fuese oso, en estas selvas no existen los osos. ¿Entonces qué es? La lógica insistió y mi cerebro volvió a trabajar, a hurgar profundo, con la ayuda de la vista, del oído, del olfato, con todos los sentidos, con el temor, con todos los axiomas. La pistola esperaba la orden, ésta se daría con el más leve movimiento de malas intenciones de la bestia. ¿Pero de qué bestia se trataba? Mi cerebro volvió a trabajar. Sí, no cabe duda, si no es oso es un gorila. Eso es. ¡Mayor peligro! Una pistola no sirve, necesito diez, un corazón no sirve, necesito cinco, un movimiento no sirve, es la muerte. Esperar, esperar. El gorila seguía quieto, inmóvil. No enseñaba sus garras, éstas se mantenían sujetas a la puerta, sus ojos no se veían, se ocultaban en la sombra. Solo su enorme cuerpo se estremecía al respirar. La pistola lista. El gorila empezó a caminar, la pistola apuntó en silencio, los ojos se abrieron hasta lo imposible, el oído captó todo, hasta el trabajo de una araña afanosa en su red. Pero el andar del gorila no era el de una bestia, tenía algo de humano. Sí, no era el de una bestia. Mi cerebro volvió a trabajar, más rápido que antes, los segundos se hicieron millonésima de segundo, no ordenaba, analizaba. La pistola esperaba. El ojo se agrandó más aún, sagaz para enviar rápido su imagen al cerebro. Era urgente la calma. No atacaría hasta que no me viera, me buscaba con ojos malignos, lo presentía. No –me dije- no es animal, es un hombre. ¡Que cuerpo tan extraordinario, me trituraría en un instante! ¿Qué querrá? ¡Robar… es seguro. La pistola esperaba. El cerebro analizaba, el ojo seguía todos los movimientos del hombre. ¿Qué querrá?
-Compañero- se dejó oír el hombre con una voz que parecía salir de una profunda caverna- ¡Compañero!- volvió a repetir suplicante con voz ronca y baja, mientras sus manos buscaba apoyo para su cuerpo.
-¿Quién es usted?- le pregunté, también en susurro, como con miedo de provocar la ira de la noche.
-Trabajo con el Comité compañero, encendé vos el quinqué. Me urge darle a vos un recado de los compañeros.
Por un rato guardé silencio. Mi cerebro se avergonzaba por usar tan mala lógica. ¡Imaginaos un oso o un gorila por estos lugares mesoamericanos y tropicales. Acabé de despertar y entonces pude ya coordinar todas las razones, guardé la pistola y encendí el quinqué.
Cuando fue encendido el artefacto y aparecido todo el ambiente del cuarto con sus utensilios, quedó clara la imagen de aquel hombre que en forma tan desprovista de urbanidad, había hecho una maraña mi cerebro acabado de despertar. Me senté como un buda sabe hacerlo a esperar la noticia que traía éste ‘compañero’ al parecer tan urgente, pues se había tomado la molestia de darme tremendo susto. Al principio quise llamarle la atención por esa forma tan fantasmal de entrar, produciendo ideas irracionales, explicarle que pude haberle disparado, pero en su cara vi reflejada la ingenuidad del indígena. ¡Un indígena gigante! Así que callé. Guardé el silencio ceremonial que entre ellos es común y necesario para que mi visitante hablara.
-Compañero- empezó a recitar mas que hablar el gigante, sentándose en cuclillas a mi lado- No se lo que pasa- continuó- pero los compañeros del Comité me han urgido a que venga a vos a decirte que te vayas hoy mismo, sin esperar otro amanecer. Me han dicho que caminés vos dos leguas como quien camina hacia Yajalón pero sin irse por el camino real, sino quebrando por la vereda que va a Guayazo. Allí te esperan los hombre con bestias para llevarte a… no se donde pues me dijeron. –Guardé silencio mientras sus toscas manos la emprendían contra su enmarañado cabello tratando en vano de rizarlo. Yo creí comprender de golpe la magnitud y gravedad del problema. Saltando del petate me puse a vestir con una velocidad como nunca antes había pensado lograr.
El gigante se paró y tendiéndome la mano se despidió diciéndome –No se que más decirte a vos pero fue lo único que me dijeron los compañeros, recomendándote cuidado y suerte- me apretó la mano con tal fuerza que tuve que apretar la boca para no aullar del dolor mientras éste, atravesándose un dedo de la mano libre, en la boca, y murmuró nuevamente -¡Suerte!- Salió de la casa y fue a perderse entre las chozas con la torpeza de su temible cuerpo.
Salí de la casa husmeando hacia todos los rincones, apretando la pistola que apuntaba hacia todos los recovecos de la noche, dispuesto a ladrar si así era obligado. Caminé pegado a las casas para ocultarme de la hermosa luz de luna llena y hasta que hube salido del pueblo los perros empezaron a gritar en coro altisonante. Yo eché unos brinquitos y apresuré el paso sin dejar de vigilar un solo rincón. Pronto dejé a un lado el camino real.
La vereda sinuosa, llena de piedras, atravesada en diferentes tramos por verdaderas lagunas, dejadas por la pasada temporada de lluvias donde mi bota se pegaba con fuerza, hundiéndose en tramos hasta muy cerca de la rodilla: era difícil el caminar. La luz de la luna penetraba hasta la tierra horadando las ramas de los árboles con miles de ventanitas, que, lumínicas, se movían como pequeños espejos sostenidos por dioses ingentos. Los perros ya no se oyeron, la batuta la tomó la selva y la orquestación sostenida por infinidad y variados animalillos. Y aunque el pueblo ya quedaba muy atrás, la pistola seguía cerca, pegada a mi mano miedosa y cobarde, gozando de su calor. Nuevamente pasó por mi cerebro fugaz como sigilosa la figura de aquel ‘compañero’ gigantón que había echado a traste mi sueño y aunque de momento había creído comprender la trama de la situación y el motivo de la actitud de los demás compañeros, caía entonces en una razón oscura, que por más que buscaba sin dejar de analizar el más pequeño y pormenor detalle, la madeja seguía siendo madeja. Todo se había estado haciendo sin descuidar detalle, todo había sido calculado con cálculo matemático, mucho se había discutido, el plan y la vigilancia había sufrido miles de investigaciones. La vigilancia misma había sido investigada. Los numerales y las voces se cuidaban, se buscaba percibir con agudo olfato cualquier testimonio de equivocación y más sin embargo ¿qué había ocurrido? No, no – pensaba- he sido torpe, todo ha sido una trampa,¿en donde caeré? Aferrarme, aferrarme a la verdad indígena, no mienten, no tienen porque mentir. El gigantón, ahora lo recuerdo, es como un niño, ingenuo y sin maldad. Todos coincidían en ésta opinión, en todo caso me hubiera matado fácilmente si se lo hubiera propuesto al sorprenderme dormido. ¿Entonces cual es el motivo?
La luna seguía enorme, resplandeciente, burlona y alegre, penetrando por aquellos hoyuelos holgadamente hechos por las ceibas y los cedros, los animalillos seguían con sus incansables coros interrumpidos en ocasiones por el grito tenor del jabalí. El lodo chasqueaba al paso de la bota aferrándola como sanguijuela, los moscos volaban silbadores y en mi rostro empezaron a nacer manchas color carmín llenas de comezón.
El crujido de una rama no lejana se oyó; los cantos y gritos se interrumpieron en forma violenta, la luna misma quiso evaporarse, las ramas de las ceibas se apretaron. Tal parecía que huían al fétido olor de la sangre. Detuve el paso, la pistola se aferró con energía temblorosa, los nervios y músculos se me erizaron, el aire se contenía, el corazón trabajaba a ritmo más acelerado, el oído se aguzaba, la vista con ojo fino buscaba, estrujando cada rincón. Un sudor frío bajó por mi rostro, luego sonó algo en forma seca y sonora y la cabeza empezó a darme vueltas. El dolor empezó a introducirse vil y mezquino en mi cerebro, la vista quería cegarse. El golpe sin darme cuenta, había llegado por la espalda. Me sentía desfallecer, flaqueaba, pero el mismo instinto de la vida me sostenía, y a pesar del agudo dolor que me producía por la abertura fresca en el cráneo, tambaleante por un rato busqué apoyo, y a la vez a aquel que en tal forma buscaba mandarme al sueño oscuro y eterno, pero la figura no se presentaba o quizás mis ojos ya se habían cerrado rodeándome unas tinieblas sin movimiento. Hice un nuevo intento de vida abriendo desmesuradamente los ojos, alcanzando entonces a ver el destello del acero que nuevamente cortaba la noche. Se levantó, cruzó el aire silbando, vomitando luces. Aún pude brincar con movimiento titubeante hacia atrás tratando de esquivar la muerte, pero ella se acercaba gritando y su filo llegó gozoso rasgándome el rostro, luego se oyó el insulto seco y sonoro de una pistola, un instante después calló en movimientos convulsivos el cuerpo de un hombre que empezaba a desvanecerse para mis ojos.
Lo hilado se deshilaba, las razones lógicas volvían a su estado primitivo donde imperaba el deseo vital de la supervivencia. La llana certidumbre convertida en oscuro rincón sangrante. Con pasos inciertos, como burlones, empujaba al pie como a gatas. El líquido viscoso y fresco que manaba de la cabeza empezó a escurrir por las ropas, a veces como catarata, luego como riachuelo vergonzoso. La agonía de un borracho que manoteaba a la luna fue a apoderarse de mi cuerpo, cruzando apenas, como tímida o imperante razón, solo una, para dar salida a aquella lógica primitiva o imperante de razón, solo una, para dar salida a aquella lógica primitiva de supervivencia: salir de aquella vereda e internarme al monte, lo más lejos posible, pues era seguro que la carcajada de mi pistola había sido oída por otras hienas y en avalancha ahora si mortal, se precipitasen sobre mi agonía que aún respiraba.
Caminé tambaleante, mis pasos inseguros chocaban con ramas, raíces, árboles. Mis manos, a momentos limpiándome el rostro, a momentos dejando su huella roja en el tronco que sostenía mi caída. No fueron más de diez minutos, no fueron más y entonces la llamada del jaguar sonrió malsanamente. La bóveda aquella, por la que a hurtadillas vigilaba la luna se convirtió en un gran embudo hambriento que tragaba toda la existencia de la tierra. Por su glotona boca, se sustraían empavorecidas, las bestias de la selva, los cantos de los pájaros de pecho azulado, de cola verdeviolacea, caminaban cantando su muerte, como canto fúnebre y marcial. Los tecolotes abrían y cerraban con rapidez sus ojazos y su voz de bajo pellizcaba el verde olivo de las hojas, unos se agitaban y otros aplaudían mostrando su pecho abierto por donde escurrían corazones agigantados.
Un indio bajo de las estrellas, yéndose a sentar en lo más alto de un majestuoso y milenario árbol, como identificado, como hermanado y ahí sentado, con su elegante vestimenta sacerdotal, púsose a observar todas las cosas que en vertiginoso reto acudían al ojo de aquel embudo y a su alrededor como remolino de aguas turbulentas, empezaron a girar todos los hombres, todas las bestias, todas las aves con su canto, unas aplaudiendo y riendo, otras llorando y cantando. Giraban más fuerte, con mayor velocidad, mostrando el tecolote enormes mandíbulas donde brillaban blanquísimos colmillos. Oí el golpe de mi cuerpo al caer y mis manos no pudieron ya limpiar la sangre del rostro, pues quedaron aprisionadas por el peso de mi estómago. Todo empezó a oscurecerse y el indio aquél bajó de su árbol con lágrimas en sus ojos entonando el canto de la vida. Yo, morí.
“Tengo tus ojos en mis ojos,
Tengo tus labios en mis labios,
Tengo tu corazón en mi corazón,
Tengo tu amor en mis manos.
Y mis manos se posan en mi pecho
Para llamarte y decirte,
Con sonrisa,
Que mueras en dulce canción
De amor a las estrellas.
Cuando Venus con ojo pasivo
Nos aconseje.
Cuando muera con sol tibio
En una rama verde,
Como tus ojos…
Como morir en ellos.”
La aurora me sorprendió con inmenso sol. Fatigado, herido, trabajosamente abría la maleza; a lo lejos oía el golpear de los tambores, de los tamboriles, de los teponaxtles, el canto de las trompetas, de lo caracoles, de las chirimías, los himnos de los guerreros, de las doncellas y al oírlos mi corazón se llenó de gozo, porque pronto estaría en la ciudad salvadora, en la gran ciudad donde habitan los últimos hombres hechos del grano sagrado, la gran ciudad de Bonampak, donde se venera a nuestro señor Chak, a nuestro Señor que nos manda la lluvia, a nuestra Señora que nos da la fertilidad y el sustento. Mi corazón quería salir de mi pecho por el enorme gozo y mis pies querían volar como el ave de pecho color turquesa.
Cuando hube entrado a la gran ciudad, todos los guerreros cantaban su himno de guerra y en el gran templo sagrado, el señor de Bonampak imploraba a los dioses para que le fuese dado el don de la fuerza y la virilidad para acabar con los bárbaros del norte que, despiadados y crueles, en su afán de riquezas y placeres destruían a los pueblos que en su camino se encontraban. A los lados del gran Señor se encontraban también los sacerdotes que acompañaban con cantos la danza del gran capitán de los guerreros, doncellas y plebeyos se habían reunido para celebrar el ritual sagrado y a mi paso sus miradas azoradas y llenas de admiración al ver mi cuerpo maltrecho, se llenaban de odio y más embravecidos continuaban sus cantos de guerra.
La Princesa Virgen, la Princesa Luana, apenas me vió, bajó de las escalinatas donde también bailaba al son del tamboril e inclinándose majestuosa y hermosa, preguntó por el destino de los hombres de mi pueblo.
-Vengo de Yaxchilan, hermosa princesa- le dije avergonzado- donde mi pueblo sucumbió en noble defensa, en donde la guerra nos fue impuesta por los bárbaros del norte. Yo fui el último y único superviviente de mis hombres; ya nada queda de aquel pueblo, cenizas y matorrales es su único vestigio. Y aquí vengo ante ti para que me otorgues el placer de ver como tus guerreros detienen y vencen a los que destruyeron mi pueblo. Se que no te negarás, pues por boca de los dioses, conozco la nobleza y bondad de tu corazón. Y por último te pido con en éste mi humilde ruego, que al ser vencidos los hombres que destruyeron mi pueblo, con tu propia mano sea entregado mi corazón a los dioses-. Cuando terminaron de salir las palabras de mi boca seca por la sed y el cansancio la Princesa Virgen, la Princesa Luana, hermosa como humilde, posó su mano suave como la pluma del quetzal, en mi frente, luego señalando al gran capitán que al pié del templo sagrado imploraba a los dioses la salvedad para ésta guerra, me dijo como el suspiro de un niño.
“Mira gran guerrero de Yaxchilán a nuestro capitán de todos los guerreros de Bonampak, mirad y ve en él al hombre que ha de salvar a nuestro imperio. Ten confianza, que los bárbaros que ya destruyeron tu pueblo, aquí yacerán aniquilados. Y tu, guerrero de Yaxchilán, que herido y agobiado te encuentras, con el corazón destruido por la amargura de saber que tus hermanos fueron muertos, verás el declinar de las armas de los hombres bárbaros del norte.- Cuando la Princesa Virgen respondió a mi súplica, llamó a uno de los criados para que me llevaran a los aposentos a calmar y limpiar mis heridas.
-¡Oh dioses!- imploraba el gran capitán de los guerreros de Bonampak- lamé i’ñajesa ku’un ko’antik chauk s’tojol ia cuantik llaman tik ja’ chulma amon el pedernalo ‘e’ obsidiana amon ja’ k’ok joon yakalbat k’evuj, ch’ich ch’chikin ko’atantik! [¡oh dioses, venid y llenad nuestros corazones de trueno y valor para poder defender tus templos. Danos el pedernal y la obsidiana, danos tu luz. Yo te ofrezco en canción la sangre de mis oídos, de mi corazón] Y al conato de éstas oraciones todos los hombres se pusieron a danzar en la gran plancha del atrio del templo mayor. Las mujeres de los guerreros también empezaron a bailar con ritmo lento y elegante, llevando sus frágiles manos a las alturas para que la victoria les fuese dada a los hombres que se enfrentarían en sangrienta lucha con los bárbaros llegados del norte. Un esclavo, cargando una hermosa cesta adornada con flores se acercó a cada una de las mujeres y ellas tomaban de dentro una espina para sangrar los oídos. Hacían el sacrificio. Se sentaron en cuclillas y sus faldellines rozaron el suelo mientras de sus bocas salía ligero un canto hermoso. Sus cabezas se movían lentas de un lado a otro, dejando caer gotas rojas de sus oídos mientras la Princesa Lunana, caminando con la cabeza agachada con sentido de humildad, llevaba ofrendas de flores de nicté que, primero, pasándolas entre los rostros de cada una de las mujeres, las pasó luego a los rostros de los hombres, luego fue hacia mi que sentado, junto a la puerta del gran templo, cubierto por una túnica, contemplaba los preparativos de la defensa.
-¡Oh amado capitán de los guerreros vencidos- me dijo- besad éstas flores que van a ser dadas a los dioses que nos hicieron con el grano sagrado- Y mientras yo besaba las flores ofrecidas por hermosas manos sedosas como la pluma del quetzal, de los ojos de la Princesa Luana unas lágrimas cristalinas se escapaban.
- Hermosa Princesa estás llorando ¿Qué hiere tu corazón que en tal forma sollozas?- le pregunté mientras intentaba pararme, pero el agudo dolor en mi cabeza por las heridas me lo impidieron.
- Lloro por tus heridas- contestó sin voltear a verme- por tu pueblo desaparecido, por la muerte que llegará al mío si nuestro humilde ruego no es oído por los dioses-. Luego, tendiéndome su mano para posarla sobre mi hombro impidiendo que me parase, terminó sus frases- No te pares, sigue descansando amado guerrero.
Poco después y mientras las mujeres seguían en cuclillas haciendo movimientos cadenciosos con la cabeza y manos de un lado a otro, del rincón opuesto de la ciudad, salieron los músicos tocando sus grandes trompetas y caracoles, tambores y flautas, tamboriles y cascabeles, teponachtles, siguiendo con aire marcial, con paso de garza a los grandes guerreros que, ataviados con grandes alas de águilas sostenidas por la cintura, blandían sus armas señalándolas al universo. En el centro, en una hamaca sostenida por sirvientes, era conducido el gran dios de la guerra.
La fiesta y la danza continuó por toda la mañana, por toda la tarde hasta que él sol empezó a caer en las fauces de la muerte que se escondía en la oscuridad de la tierra. Todos los guerreros sin dormir, descansaban con las armas a su lado a la orilla de la ciudad. Las mujeres continuaron en cuclillas, silenciosas y sin levantar la cabeza, en oración continua. La Princesa Virgen, la Princesa Luana, seguían en su silencio y llorando, sentada en las lozas al frente del gran fuego sagrado. Su rostro se iluminaba de rojo como la sangre púrpura mientras sus manos quietas se posaban como dormidas en sus rodillas desnudas, su pelo trenzado y adornado, se elevaba majestuoso hacia las estrellas que miedosas veían a los hijos de los dioses esperar tranquilos el grito de guerra.
Mientras, los espías vigilaban la selva, caminando de rodillas para no hacer ruido, buscando al enemigo que también asechaba con sus espías. Se tiraban a la tierra, pegando el oído para escuchar las vibraciones si éstas se dejaban oír. Así continuaron por toda la noche, hasta que otra aurora vino a iluminar los píes de la selva, ahuyentando a la oscuridad con poderosos garrotes de oro que como flechas horadaban todos los lugares.
Primero se oyó el caracol distante, lejano, pero que hizo vibrar todos los corazones. Luego se oyó la trompeta, cercana, que contestaba al reto. Todos los hombres se pararon, se armaron; todos los músicos empezaron a tañer sus instrumentos y las mujeres nuevamente empezaron a danzar con movimientos lentos, ágiles, elegantes. La Princesa Luana volvió su rostro y así se quedó observando todos los movimientos. El gran capitán de los guerreros de Bonampak salió del templo adornado con sus mejores atuendos, con sus mejores armas de obsidiana. Cuando salió y me vió sentado a la puerta del gran templo arropado con hermosa túnica, levantó sus armas al sol exclamando con sonoro grito, -¡Gran guerrero de Yaxchilán, Bonampak vengará la sangre caída de tu pueblo, pueblo hermano! ¡No bajarán los lobos del norte, aquí se quedaran!.- Luego bajó por las escalinatas seguido por sus mejores capitanes y fue a ponerse al frente de su ejército.
Mientras los ejércitos empezaban a caminar para enfrentarse, la Princesa Luana se acercó con su rostro abnegado en lágrimas.
-Se, amado guerrero de Yaxchilán que tu corazón está triste,- dijo mientras se sentaba a mi lado- aquí estaré contigo para que compartir la alegría si hemos de salir victoriosos.
-Hermosa Princesa- le contesté, tocando con mi mano llena de cicatrices su rostro limpio y bello- no dudo del valor de tus hombres, ellos acabarán con esas bestias que destruyeron mi pueblo.
-Bien que saldremos victoriosos y tú, oh amado guerrero irás tranquilo a rendirle tributo a nuestros dioses con la frente limpia y en alto. También por ello lloro, porque después de la victoria tu corazón ya no será mío.- La Princesa Luana siguió con sus lágrimas bañando mi mano y en sus cristalinas aguas vi la claridad inmensa del amor que así era destruido por las armas despiadadas.
El grito estruendoso de los caracoles resonó por toda la selva y desde sus más profundos rincones los jaguares contestaron con enorme voz ronca que fue a propalarse a toda la bóveda llena de luz solar. El tamborero se colocó a una de sus orillas y los guerreros de ambos ejércitos empezaron a guerrear al son del golpe del tambor. Los gritos empezaron a ser oídos por los tucanes, por las ceibas, por los quetzales, por las zacuas y todos en coro mortífero empezaron a cantar al ritmo de las armas que chocaban.
Las mujeres en la gran explanada del templo principal, seguían danzando con sus manos dirigidas a los cielos donde moran inquietos y observadores los que nos dieron la vida. La Princesa Virgen se levantó y su faldellín empezó a jugar con el viento, dejando al desnudo las piernas que en movimiento gracioso danzaban , mientras de su voz nacía el canto parecido al del ave petirrojo, de sus ojos seguían brotando las lágrimas que caían a regar las lozas donde sus pies descalzos se refrescaban haciendo sonar los cascabeles. Las armas siguieron chocando, siguieron tronando como el rayo caído de las alturas. Los gemidos de los heridos se confundían con los gritos de cólera. La guerra continuaba. Iniciada al amanecer, por la tarde seguían manchando la tierra de rojo carmesí. Más y más guerreros sucumbían ante el dolor punzante de la obsidiana, de los dientes de los garrotes, de las puntas de las lanzas. Los capitanes de ambos bandos seguían con su voz, incendiando el alma de los guerreros y éstos con su bravura seguían luchando y seguían cayendo, con gritos parecidos a miles de jaguares, con gritos de miles de tucanes. Las mujeres seguían danzando sin mirar la guerra y la Princesa Virgen seguía con su baile, sollozante, con sus manos llevadas a las alturas, con sus pies desnudos, sonando los cascabeles, con el faldellín llevado por el viento de un lado a otro, de sus labios nacía el himno, la canción suplicante, como con sacrificio. Yo seguía observando y ante cada guerrero caído una espina se clavaba en mis carnes.
La tarde empezó a declinar y la guerra continuaba sin que la victoria se decidiera para algunos de los ejércitos. Entonces a la orden de los dos capitanes, ambos ejércitos se separaron. La música dejó de oírse, la danza de las mujeres se detuvo y la Princesa Virgen, la Princesa Luana dejó su baile, sus ruegos, sus lágrimas. Mi corazón detuvo por un momento su camino y todos quedamos alterados, esperando lo que iba a ocurrir. Cuando los ejércitos se hubieran separado a buena distancia sin dejar de blandir sus armas, los dos grandes capitanes se reunieron; hicieron caravanas y ademanes de cortesía. Conferenciaron y al terminar cada uno informó a sus gentes la determinación a la que llegaron. Ellos iban a decidir a quién correspondía el triunfo de la guerra en duelo personal hasta encontrar la muerte ya que para ninguno de los dos bandos llegaba la victoria a pesar de la cantidad de muertos. De todos lados se oyeron los gritos de aclamación y no se volvió a danzar ni cantar. Todos estuvimos expectantes.
Sonó el tambor en repitequear sonoro y al instante ambos capitanes se lanzaron el uno contra el otro. Toda la selva guardó silencio, oyendo solo el jadear de los dos guerreros y el golpear del tambor que penetraba al oído más sordo, en sonido marcial, de muerte. La Princesa Luana, la Princesa Virgen volvió a mí sentándose de nuevo, su voz llegó a acariciar mi corazón agigantado.
-Ahora, amor- dijo señalándome a los capitanes que se batían en duelo mortal-, solo debemos de esperar que los dioses llenen de energía a nuestro capitán para que Bonampak sea salvada, de otra suerte que también nosotros seguiremos a los tuyos por la senda que da a la noche.
-Hermosa Princesa- le dije con lentitud atrapando sus manos con las mías-, no en vano Bonampak ha sido la ciudad elegida por los dioses, otorgándole los frutos y las plumas de las aves más hermosas para rodearse de felicidad. Tu gran capitán saldrá victorioso, así ya ha sido dicho por los dioses. Ya no llores que prolongas mi tormento.
-Aunque así fuese- musitó la Princesa Luana-, mi corazón ya no podrá alegrarse, pues tu alegría seguirá en cautiverio por tus hermanos que ya han fenecido y como tu haz pedido seas entregado al Hacedor de todas las cosas bellas en pago por nuestro triunfo, mi corazón cantará en soledad hasta que a la vez, yo vaya tras de ti.
-No llores hermosa princesa, te lo suplica el último de los de Yaxchilán. Y ahora esperemos juntos la victoria.
El duelo continúo hasta la noche sin que uno venciera al otro. A momentos perecía que el capitán de los bárbaros vencía el capitán de Bonampak y un murmullo se extendía por toda la ciudad haciendo que los corazones se detuvieran y se parasen las mujeres a ver con ojos desorbitados la muerte que se ventilaba, pero nuevamente el capitán de Bonampak renacía con mayor brío, como ayudado por la luz de la luna que ya se asomaba por entre las copas de los árboles a participar de la sangre que ya había sido derramada. Y así se prolongó la lucha hasta muy entrada la noche, cuando la luna ya competía con Venus por alcanzar el cenit para el espectáculo de la tierra. Ninguno de los guerreros de los ejércitos descuidaba un solo movimiento de sus respectivos capitanes, sus lanzas se extendían amenazadoras. El tambor seguía en su repiquear sonoro calculado, marcando la lucha, mientras la selva continuaba en silencio sepulcral. Infinidad de ojos selváticos clavaban su luz en el claro donde se luchaba; los mismos jaguares, tigres y demás fieras, no persiguieron al venado, al jabalí ni a otros animales. También se acercaron y rodearon a los guerreros.
De pronto el tambor dejó de sonar, los hombres se pusieron de pie, nadie suspiraba. La Princesa Virgen, se levantó trémula, pálida, con palidez de muerte, yo quería pararme pero no pude; las esposas de los guerreros se pusieron también de pie, pegadas unas a otras, con las manos en las bocas luego se vieron entre sí y por fin, un grito de alegría resonó por todos los ámbitos del bosque. Los tucanes volaron alto, los pericos gritaron estrondosamente y pintaron de verde la luz de la luna. Empezaron a sonar los cascabeles y las trompetas, siguiéndoles llenos de furia y calor los tamboriles y las flautas. Las lanzas y los garrotes apuntaron y de entre el grupo salió, con paso lento, lleno de orgullo extasiado, el gran capitán de Bonampak, llevando entre sus manos el gorro guerrero del capitán de los bárbaros. Había triunfado, y con él Bonampak se conservaba libre. Habían sido derrotados los destructores de Yaxchilán. Los demás guerreros bárbaros, avergonzados, humillados, dispusieron las armas a los pies de los guerreros victoriosos. También sus tocados de guerra cayeron. Fueron atados y conducidos a cautiverio por los vencedores que pasaban por entre el regocijante pueblo que los recibía con exclamaciones de alegría.
Mis ojos se llenaron de lagrimas y de alegría ya había sido calmada la sed de venganza de mi cuerpo que había soportado los rigores de la derrota, donde habías quedado regados para alimento de la noche los cuerpos de mis hermanos. Ahora los conquistadores bárbaros bajados del norte se encontraban en humillante actitud de derrota, su afán de placer y riqueza robadas, se terminaba ante el fuego valeroso de un pueblo bello y culto, que con sus armas, su valor y su unidad deificada inspiraron el declive de aquellos bárbaros que creyéndose los amos todopoderosos habían sucumbido; como un reto a Venus y el Sol. Ya Bonampak respiraba nuevamente la hermosa libertad que había estado en peligro, ya nuevamente su pueblo podía gozar de los placeres que dan los frutos y las pieles sedosas y leonadas, tas telas de algodón de bellos colores, los tapetes bordados con plumas de aves de pecho color turquesa, ya se podía contar de nuevo los himnos de amor y dar al Sol, nuestro gran padre, nuestro gran Hacedor en sacrificio la sangre de la más hermosa de las aves.
Cuando fue llevado ante el altar el Príncipe Niño, hermano de la Princesa Virgen, ésta con ágiles movimientos fue a ofrendarle las flores de nicté rodeada por las danzas de felicidad del resto de las mujeres, esposas de los guerreros. El gran capitán de Bonampak acompañado de su sequito de sirvientes y de los sacerdotes de la ciudad, llegó hasta el altar mayor a dar gracias por la tan anhelada victoria sobre un grupo así como poderoso destructor. El baile continúo por largo rato entrelazado por cantos de regocijo del pueblo. Las armas fueron lanzadas una a una al fuego sagrado que empezó a agigantarse por tal alimento. Cuando el capitán de Bonampak hubo terminado su rito, se volvió a su pueblo, y desde lo alto, donde su figura se recortaba por la luz de la luna, con destellos rojos en su cara por el fuego, jugueteando con el viento su túnica, habló al pueblo narrando la guerra y alabando a los guerreros caídos en la defensa. El pueblo respetuoso guardó silencio, un silencio prolongado como triste, pero ese imperio de silencio fue después roto por la alegría de la victoria.
-Sucumbió Yaxchilán- continuó el capitán-, de esa gran ciudad hoy solo ceniza quedan y a nosotros llegó el último de sus capitanes. Se salvó por haber quedado por muerto, pero ante la tristeza de ver su ciudad llena de cadáveres, nos ha pedido, después del placer de ver la derrota de los bárbaros, que su corazón sea entregado, por mano de la Princesa Virgen a nuestro padre Sol para reunirse nuevamente con su pueblo que ya camina por la vereda que da a la felicidad eterna- el pueblo empezó a murmurar lleno de admiración posando sus ojos en mi cuerpo lleno de llagas y heridas, yo levanté orgulloso el rostro para que fuese mejor visto no sin ocultar mi profunda tristeza. Y sin poder contener ya más, derramé lágrimas – Y ese deseo se le ha prometido que se cumplirá- concluyó el gran capitán de los hombres de Bonampak.
Al día siguiente, cuando el sol ya se encontraba en el cenit, ayudado por los sacerdotes, caminé hacia el gran templo, mientras una multitud ataviada con sus mejores ropas, hacían caravanas llenas de respeto y lágrimas al pasar a su lado. Toda la ciudad estaba llena de gala, las mejores y más hermosas flores se habían tirado al suelo para que sirvieran de alfombra y los perfumes, por todos lados llegaban. Cuando estuve recostado en la gran piedra labrada, con el sol acariciando mi pecho y el rostro, bajo un calor casi sofocante, salio del templo la hermosa Princesa Virgen ataviada con su mejor güipil.
-Oh amado guerrero- me dijo con gran tristeza que quería disimular en una sencilla sonrisa- ¿Cuánto dolor me acompañó durante la noche y el día temprano hasta este momento. Hoy te vas con nuestro padre y yo aquí quedo anegada en lágrimas. Pero ve tranquilo que yo pronto iré a ti. Ve tranquilo que nuestro pueblo a acabado con los bárbaros y ambiciosos hombres del norte.
-Así sea- murmuré cerrando fuerte los ojos. Después sentí un inmenso y punzante dolor que se propaló rápido en mi cuerpo. Mi cerebro empezó a girar rápido y al momento una inmensa oscuridad se apoderó de mí. El silencio se fue haciendo, los cantos se dejaron de oír y el tamboril se alejo definitivamente de mis oídos, solo la sonrisa acompañada con lágrimas de la hermosa Princesa Virgen, de la Princesa Luana, me acompaño en mi agonía.
“Hago esto, muevo las manos para él, cuyo nombre en el cielo, para él cuyo nombre esta en mi mano. No permitas un nombre falso en mi mano. Para él, cuyo nombre está en el cielo, en la casa celeste, digo su nombre con mi mano, digo su nombre en el cielo. No permitas que mi mano mienta. En la casa celeste recibe el espíritu. Tómame. Dentro está el tronco, la raíz de Kin y Mombatik. Para él digo su palabra con mi mano. Que no desaparezca de mi mano. El dice la verdad. El esta concluyendo su palabra aquí en mi mano. El se levantará si está bien dicha. El concluye su palabra en mi mano…”
Quería abrir los ojos para conocer mi nueva morada pero se me dificultaba por un enorme peso que sentía sobre ellos. A lo lejos oía algunas voces no claras que se iban acercando.
-Ya quiere abrir los ojos el compañero- dijo alguien.
-Yo bien te decía Tiótimo que no era fácil que se fuera así nada más sin terminar lo empezado.
Aquella era en realidad una curiosa conversación para un lugar como al que había llegado después de mi muerte. Era verdaderamente incomprensible y trate por lo tanto, haciendo esfuerzos inauditos de agudizar más el oído y abrir los ojos para ver a esos personajes.
-Y vos que te decías- continuaba oyendo de aquellos hombres-, que el compañero se moría. ¡Gran bandido sos!
-Hasta el santísimo cabrón pues los hubiera asegurado ¡Solo de ver tremenda abertura en esa cabeza. Y aunque se hubiera muerto, ¡Que Dios no lo hubiera permitido!, pues cuando menos se llevó a uno por delante. ¡Ah, eso sí!
Al fin pude abrir los ojos siendo recibido por una ráfaga de luz chillante, parpadeé por un rato y luego pude ver a aquellos personajes que discutían mientras me lanzaban miradas de curiosidad.
-¡Compañero, que gusto nos da veros bien vivo- dijo uno de los hombres acercando su rostro hasta pocos centímetros del mío. Algo asustado retiré la cabeza que aun se encontraba sumida en profundo dolor agudo. Al abrazarla para mitigar el dolor, sentí una gran cantidad de trapos que la envolvían. Por un momento pensé que se trataba de atuendos mortuorios.
-¿Quiénes sos ustedes?- les pregunté haciendo gestos por el intenso dolor que seguía altanero. Los hombres se miraron estupefactos, luego uno de ellos, sacudiéndose la cabeza desparpajada se sentó en la cama. Haciendo ademanes exclamó asustado.
-¡No compañero, nomás eso nos faltaba, que salido de la muerte se nos quedara sin nada de inteligencia. ¿Pues qué vos no te acordás de nosotros? Haced memoria pues. ¿Te acordás de Chilán, del Comité que formamos para la lucha de las tierras?
¿Chilán, tierras, Comité? Las palabras rasgaban la memoria. Yo me asustaba. ¿Entonces no había muerto? ¿Chilán, tierras, Comité? ¿Qué significaban esas palabras? ¿Chilán, tierras, Comité. Comité, Chilán, tierras? Volteaba, invertía las palabras, pero nada quedaba ligado, todo se deshilaba.
-No señores, absolutamente no recuerdo ni a ningún Chilán, ni esas tierras, ni un Comité. ¿Quiénes son ustedes?
El hombre se levanto casi furioso de la cama ante los afligidos gestos de los demás. Yo también me afligía por la decepción que les causaba –Chilán, tierras, Comité- pensaba, mientras el hombre aquel amenazaba con el puño a algo o a alguien que por más esfuerzos que hacía, no alcanzaba a ver.
-¡Maldito latifundista!- gritaba con el puño rayado por venas – si el compañero pierde la inteligencia, ves, grandísimo cabrón, perdés la vida ¡Ah, eso sí, por mi mamacita lo juro!
Luego, volteando, con los dientes amarillos, amenazantes, señalándome con el puño, gritó tan fuerte que todos los hombres se pegaron corriendo a las paredes de aquel jacal -¡Acordáte vos, si no, soy capaz de ir ahorita mismo a buscar al desgraciado ese, y allí mismo se queda sin inteligencia y sin nada, bien muerto. Acordáte vos- volvió a suplicar-, has un esfuerzo pues.
Mi cerebro, ante esa mirada amenazante se puso a trabajar rápidamente, hurgando por todos los rincones, levantando cada duda, retirando cada rama oscura, tratando de atrapar cada luz, pero tan breve que ésta se escapaba. Y ante cada mirada amenazante de Tiótimo mi cerebro trabajaba más arduamente. Pero nada. Todo seguía oscuro. Alcé los hombros avergonzado y furioso Tiótimo la emprendió contra su desgreñado cabello.
-Dejad descansar al compañero.- dijo otro de los hombres dirigiéndose a Tiótimo- No ves que acaba de regresar de ese largo sueño. No en vano estuvo así por tres largos días.
-¡Tres días…! –casi grité azorado. Luego me sumí en mis pensamientos.- Así que desde hace tres días me encuentro aquí.- Luché nuevamente para hacer memoria, pero la oscuridad seguía imperando en una gran laguna que bañaba toda mi pesado, presente y futuro.’tres días’ volvía a repetir cansado, más que por esa situación, por el dolor de mi cabeza.
Los hombres después de una acalorada discusión, salieron de la choza no sin antes darme una despedida con la mirada llena de ingenuidad. Al poco rato entró una mujer con espléndida sonrisa trayendo trastos de donde se escapaban los olores de los guisos Yo comí y la mujer no se deshizo de su sonrisa ni para soltar una sílaba, parecía que estuviera aconsejada para que no hablara y nada más sonriera. Yo también le sonreí al acabar de comer. Con una lenta caravana la mujer se retiró.
Llegó nuevamente la noche encontrándome en esa gran responsabilidad; encontrar el hilo que se había escapado de mi cerebro. Así trabajé hasta que el sueño me venció.
Oía los perros y algunas voces que discutían. Abrí los ojos, la luz del nuevo día brillaba esplendorosa. ¿Chilán, tierras, Comité? Me decía en silencio mientras me vestía lleno de gozo. Chilán, tierras, Comité, casi cantaba al repetir éstas palabras. ‘Ajá’ me decía pensativo,, así que fue en la vereda que va hacia Guayazo donde me sorprendieron, y por lo que dijeron los compañeros, el pobre infeliz murió.
Al salir de la choza, el sol golpeó hermosamente mi cara y aunque el dolor de la cabeza continuaba, ya era tan leve que pasaba inadvertido. Me acerqué silencioso a los indígenas y cuando estuve cerca de ellos, burlón les dije en su propia lengua.
-¿Ku’un stojol s’chik chi’il? [¿nuestro valor se sostiene compañeros?}.
Al principio fue un silencio de admiración y luego entre abrazos y apretones, el júbilo brotó niño de sus bocas.- ¡Jun pet batik! ¡jun pet batik! [ ¡Un abrazo, un abrazo!} Gritaban lanzándome al aire unos a otros.
Y sin vergüenza lloré de alegría, primero, porque vivía y primero también, porque los indígenas seguían estimándome hasta en la ira.
Por la tarde, acaloradamente pero cortes, discutíamos la táctica de los trabajos a seguir para que el Comité siguiera adelante en su lucha por las tierras. A los dos días me despedía de aquel poblado entre una docena de abrazos indígenas y un sol que quemaba. La selva nuevamente me sustrajo. Si, así fue.
Simojobel 1964
Alfonso Pérez Valdivia.
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