-Po’s vas a ver que la Carmelita , la hija de Teófilo, que se moría y que regresaba, que se moría y se volvía a regresar. Así estuvo toda la noche la pobrecita. Y no te vayas a creer que la chamaca era grande, no que va, si acaso tenía cuatro o cinco años-
-Y en una de esas vueltas que daba a la vida, le dice a su mamá: “mamacita, San Pedro no me deja entrar, cada vez que llego me pregunta cuál es mi nombre, y yo le digo pues Carmelita ¿Cuál otro debería ser pues?, y él contesta: no es cierto, ese no es tu nombre, y me cierra la puerta diciéndome que no es cierto, que ese no es mi nombre, y que vaya a que me lo den o no entro. ¿Mamacita, cuál es pues mi nombre?” Y pues todos los que estábamos en la Vela nos le quedamos viendo a la mujer de Teófilo. Y ésta que se voltea reteenojada y le dice a su viejo: “Ves, yo decía que le pusiéramos su nombre, y tu no quisiste que porque estaba muy feo. A ver h’ora qué haces, po’s la pobre no se puede morir.
-Teófilo se persignó frente a las imágenes, compita, diciendo “Perdóname Diosito, no sabía que fuera tan malo cambiarle su nombre, pero es que ese pinche nombrecito con que vino al mundo, pues de a tiro está feito”. Feo o no, ese es el nombre que le tocaba, con ese nombre vino al mundo y ese debiste de dejarle. –le contestó la vieja- No que te pones a contradecirle a Diosito. ¡A ver hora, ¿qué vas a hacer?!
-Puta, compita, palabra que allí quería reírme pues Teófilo rascándose la cabeza que dice: Po’s vamos a bautizarla otra vez. Y como yo, compita, tenía a la mano mi cuaco, pues que me voy de voladito por el cura. Y ahí te viene todo hecho la muina diciendo que como jodemos, que son chingaderas, que somos una bola de pendejos. Y yo también encabronándome que le digo: “pues si le vamos a pagar a la Virgencita el favor, no crea usted que es nomás porque sí, estamos jodidos pero sabemos corresponder”. Y que el cabrón me contesta… “Pior si no fuera así”…
-Total, que llegamos al rancho, sacó un chingo de pendejadas que traía en una maletita negra y que se adorna con ellas poniéndose luego a rezar. Luego con el agua bendita que traía en una botellita que la baña allí en el catre diciendo: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y de quién sabe qué otras chingaderas con el nombre de Casimira”. Y po’s no lo vas a creer compita, pero apenas le cayo el agüita a la chamaca ya con su verdadero nombre, se fué h’ora si de adeveras con una sonrisa bien bonita.
-Por eso te digo compita, es malo cambiar el nombre y quitarle aquel con el que vinieron, porque si se lo cambiamos o nos lo cambian, no podemos bien morir y si morimos, po’s ahí nomás andamos penando. Ese casi igualito que esos pendejos indios de la sierra, quesque pasó un coyote por la puerta cuando nace el fulanito pues coyotito se llamará, quesque fue una lagartija, pues lagartijita, quesque nada más encuentran caquita de zanate o colibrí, po’s ahí se las ingenian. Pues sí, después de todo no son nada pendejos.
La diferencia es que su tonal es medio bruto y el nuestro, cristiano como Dios manda.
San Lorenzo Tenochtitlán, Ver
Alfonso Pérez Valdivia
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