Alfonso Pérez Valdivia
QUINTO COLOQUIO
QUETTA…
-In rerum natura- murmuró Víctor para sí teniendo a su lado a Daniela.
“Es en color solferino, tierno y dulce que, hacia el horizonte Oeste el día camina a su noche. Y en ese horizonte la masa inmensa de la sierra, como pegote estampada, oscura, en color de siena tostada se acuesta majestuosa y teniendo sobre sus crestas el óvulo carmín de un sol huidizo; ¡Ah masa ígnea que empequeñeces a los hombres soñadores sentados ilusos en su equipal! Ni hablar, el panorama con esta atmósfera se presta para la caza de recuerdos –así pensaba Víctor soñador con una Daniela sorprendentemente silenciosa sentada a su lado en las afueras de la casa. Soñador, sí, porque algo, como si esa visión de la naturaleza fuese el anzuelo para traer desde lejanos fondos no los recuerdos de rostros infantiles ya idos, sino la de los orígenes que causó el engendramiento humano. Ese aire límpido y tranquilo salpicado dentro de un marco de ensoñador silencio, por las voces de aves en trémoles pequeños; pequeños y largos que se alejan y se acercan, en aquel ir y venir constante en oscilaciones aéreas, en repetido tejimiento sobre el manto celeste con la aguja de sus alas; como si se hubiesen extraviado en la geografía inmensa de los cielos. El crepúsculo de la tarde, última silueta de luz, fue bajando hacia sus fondos –soterrándose para el descanso diario- dejando los espacios para que por el lado opuesto, un Nadir orgulloso y sin óbices, camine ascendiendo, trayendo delante de sí un Sirio que altivo se mostraba incandescente, centellando su luz como si fuese alarma o el toque del clarín llamando a su presencia a los millones de astros; conseja cósmica sobre la clave de la bóveda celeste arcada sobre las inquietudes, espasmos de muerte y de vida, alegrías y llantos e interrogantes de las criaturas de la naturaleza. Allá, Indio -¿por dónde se habrá infiltrado?- con sus zaetas buscando la eclíptica. Aquel otro Antares nimbando los ligeros pies de Ofiuco que transitan en camino de otera espacial. ¡Ah y el Ara sin sacerdotes que les brinden himnos sacros siente la lejanía de Atino! Y aquella hermosa nave de Argos con su velamen hinchada por los ímpetus de una energía plena de átomos en galaxica ruta: Es el Sur y el hombre siente la pesadez de su atavismo… siente la pequeñez de su grandeza –parece que recordara que de su miedo primario surgió la curiosidad-. El hombre fue así, primero supo del terror ante lo impotente e inexplicable, luego llegó la alegría y el saber reír al palpar su desdoblamiento humano. Se sintió estrella fugaz y como amanuense infantil jugueteó entre las constelaciones al vértigo de la Vía Láctea –en macrobiótica existencia entre el gran macros, inició el tallado de su futuro-. Desde la tierra fijó sus ojos melancólicos hacia el horizonte Austral al comienzo de la noche, acuclillado en sus soledades en los desiertos; a veces peregrinando, otras, en estoica actitud en medio de los espacios robados a las selvas junto a los humos manados de tocones de roble; firmamento atrayente que hizo al hombre sabio. Ascendió lentamente rompiendo las leyes gravitacionales cruzando la atmósfera, mirando sus cubículos allá, abajo, como planos inciertos que les causara terror, miedo de criatura en aridez de la ignorancia y prisión. Siguió con la asunción impetuosa e inició la marcha homérica. Caminó entre los planetas, giró en torno del sol contando los giros de sus hijos. Trepose en un cometa e hizo el viaje sideral hacia asteriscos lejanos y de la cauda del cometa hizo su mechón para aluzarse en la negrura del mundo sidéreo; en danza ritual, con monosílabas mímicas cantó aquella sus soledad en busca de los dioses ingentos. Olimpos imaginarios como respuestas a la incertidumbre dentro de sus maldicientes disquisiciones que a cada paso obligaba a poblar a aquel recinto celeste. Pero aún así, no quedó satisfecho, había creado seres que necesitaban de los coros cortesanos y tuvo que usar la pértiga de su razonamiento para lanzarse hasta Erídano y luego a Rigel, luego, más allá, hasta Cefeo aposentados en el Rincón Boreal en dinástica virginidad -¿Cuál es la distancia que he recorrido?- se preguntó el hombre dubitativo contestándose así mismo: ¡Ha sido tan pequeña como el paso de unos cuantos cientos de generaciones que apenas solo alcanzarían para saber que la incandescencia de los soles nunca será, por los hombres, verse apagar al golpe de los soplos de los tiempos. Talvez, quizás en otro tiempo y por otro Orfeo, éste, sentado sobre Altar halla cantando a los Pléyades, pero no con un canto nacido por la ensoñación al mirar los Ortos como pusilánime poeta, si no como aquella admiración al notar al ritmo aparentemente lento y armonioso –suavidez de tul- de su movimiento en busca legendaria de las Andrómedas y éstas indiferentes a las cuitas sefónicas de las Pléyades se alejan más y más hacia los espacios infinitos, quizás en busca de compañías mas lumínicas que las propias. Y Cefeos, con cu cérifo tranquilo, apañado con tisú altivo, oyendo el susurro del canto –cantos envueltos en lamentos de sensitiva tristeza- de las Novas que llegan a su fin holocáustico mide su propia existencia pensando que él también tendrá, le llegará, su propia desintegración en la larga medida cuántica de los hombres cuando estos ya ni historia ni leyenda tuviesen. ¡Antarcia del filosofena del hombre occidental, etereosidad de una existencia con un principio incalculable y un futuro inalcanzable, donde cada sol –minúsculo ente dentro de la terrible graciosidad de la galaxia de que forma parte como hijo heterogéneo de una explosión- semeja el tocón aún ardiendo junto a una vasta luminaria de millones y millones de soles .peregrinos pabilos de iridiscentes calor donde la muerte de uno es la vida del otro!-. Líneas arcadas circunvalando espacios limitados respetuosos de los espacios ajenos donde Sirio impera junto a su gemela, quizás muerta significando el lastre doloroso de estar atado a inerte compañera, quizás viva, desdoblando el furor con su luz diciendo: ¡He, aquí, desde este nuestro sitial imperamos hasta donde nuestra voz fotónica llegue! O Auriga jugando dentro de su propio espacio con la honda que dispara elementos magnos cargados de energía. ¡Cómo arreglárselas para que en la imaginación cósmica del hombre –verdadera traba para la conquista definitiva- sea para dispar la neblina fría, opaca y húmeda- humedad por cierto de orfandad espiritual sin imaginarse siquiera la concurrencia milenaria de otras orfandades, buscando constantemente en viajes siderales al hermano- soledad trastocada en una especie de alarido mudo y sin eco al añorarse un origen cósmico, voz sin retorno por lo indescifrable de la pregunta, pregunta hecha a un azar que exige respuestas relampagueantes cuando estas están ahí, ahí siempre, inermes, en espera del ultraje hacia la verdad; desvirginamiento para que de sus entrañas aflore a la sola voz clara y sencilla, el conocimiento. Impotencias que se transforman en petulancias con ínfulas de divinidad. Hombre hacedor de Dioses engendrados por el pabilo titilante de un conocimiento mágico. Con la necedad propia de la impotencia para igualarse a la divinidad supuesta, con los balandros infantiles de una inseguridad totémica tratando siempre de bienquistarse con los elementos fuera de su alcance crea a los Dioses; los crea y luego los deja ahí, así, en orfandad y a sus propios arbitrios en planos sucesivos de cualidades que se leen en poder, desde aquel que simboliza una gota cristalina de agua o, de aquel otro que se mira a través de la terrosidad de los cultivos pasando por los relampagueantes asideros del fuego hasta llegar al Todo-Hacedor del Universo, para luego gozarse en ese placer masoquista de sujetarse a la Barbarie Divina : el bien y el mal se hacen zalemas para el holocausto. Sacrificios en aras de una inmortalidad delirante. ¡Hombre de Occidente, cómo has sufrido con tu propia elucubración al no sentir tu propia significación y no medir las alturas en calidades de espíritu dedicándote, por el contrario a crear soles y galaxias, constelaciones y nebulosas, espacios siderales en planos horizontales sin dinámica y sin leyes, axiomas sin soporte, como entes sujetos a su propia mecánica ignorantes de las casualidades de un cosmos afín, Hombres que basándose más en los sortilegios, creaste una cultura occidental desprovista de los elementos creativos. ¿Poéticos tus amanuenses que la iniciaron? Es cierto, pero turbios por cuento fueron pobres en filosofía, ignorantes de las trabazones totales. Ingrino te lamentabas, te quejabas y te semejabas a padres supuestos. ¿Qué ha sido de tu cosmografía que aún el cristianismo con milenaria existencia ha sido impotente en rebautizar? ¿Es, acaso la etimología griega la justa?. Tal vez sí tal vez no, en todo caso es bella, rítmica, dulce y agresiva, pasiva y violenta, pero mecánica. ¿Es posible, acaso, que Auriga vive por sí misma ignorante del Cosmos Austral o el Cosmos Boreal poco importa para Erídano? Por ventura que siendo así, en esa soledad y en ese entendimiento cosmográfico no existen los colores en el universo, y si no hay color es porque no hay luz, y si no hay luz es porque no hay calor, y si no hay calor, no puede haber vida. ¡Simpleza de una lógica macabra –a que se llega esa incertidumbre espasmódica-: la luminaria solo se dará, triste dentro del matiz que da el negro y el blanco; existencia gris. Pero aún así siguió. A horcadas, montado sobre Pegaso, la incredulidad poética del asombro viajó por las sombras inmensas e intensas de los espacios y, con fulgurante obcecación fue lanzando sus zaetazos a diestra y siniestra. Galopando con loco vértigo y ciego en las tinieblas, marco las rutas de los cometas, otorgándoles como carga y luz caudas de abanicada forma, ordenándoles, como en la tierra a Matuzalem, errar en los espacios por los siglos de los siglos, ora llevando desgracias y pánicos, ora llevando sortilegios, mensajes divertidos para ser descifrados por los clarividentes, ora repudiándoles los soles, largando sobre planos etéreos donde los horizontes se vifurcan en fugaces líneas hacia insospechadas distancias cardinales. Y todos los asteriscos, en coro como una peculiar forma de grandilocuencia –vocerones apagados en el sordo firmamento-, entre liras flautas y arpegios fue allanando y avellanando -como contradicción de una filípica mordaz- la ignorancia y el dispendio. Pero son poemas, poemas cantados con la ilusión del acercamiento a lo ignoto, poemas descifrables en doloroso intento de apearse de los viejos lastres -¿Quién con sabiduría habrá dicho que no hay pueblos primitivos?- que los sujetaba a majadas, cercos de óbitos inmensos en su pudrición. Pero los óbices a la penetración de las realidades del Cosmos, aunque cantados con bellos arpegios, seguía negando para el hombre la creatividad embalsamada con el conocimiento. Para los pueblos del occidente, durante milenario tiempo, seguía en pie, como estela registradora de la obcecación, la premisa judía: Os habent et non vidibunt. Con todo, la noche se hizo plena y allá arriba todo un poema de titilante luz nos declama…
Es bella la palabra griega cuando del Cosmos habla –dijo Daniela sorprendiendo a Víctor que no se había dado cuenta en que momento de las ideas había pasado a la voz descifrando la bóveda celeste. Después, tras breve sonrisa, ambos se sumaron al silencio que embargaba los contornos, soplado solo, y con ligero silbido melancólico, un aire venido del Sur que chocaba sobre los paredales de las montañas. Víctor se levantó yendo hacia la sala de la casa; a los pocos minutos regresó con una sonrisa misteriosa sentándose nuevamente junto a Daniela que no cejaba de contemplar los asteriscos lejanos y relumbrones; al cabo, la música proveniente de la casa, les llegaba en insurto movimiento barroco.
-¿Telemann?- preguntó Daniela sin despegar la mirada de la abovedada escena nocturna.
-Concierto para un momento de amor- contestó Víctor sumándose a la contemplación del Cosmos. En ese momento por el rumbo del Este irrumpió la atmósfera de un aerolito con su llamativa e instantánea luz.
-Zeus te saluda a través de ese mensajero- dijo él sonriendo y señalando con la mirada el firmamento. Ella, también sonriendo, siguiendo la broma, hizo un ademán de saludo hacia donde se perdía el meteorito. -¿Sabes?- continuó él –Yo imaginaba las constelaciones o traté de imaginar las constelaciones con el espíritu griego, o sea traté de seguir un hilo que nos condujese hasta lo que hoy es una gran inestabilidad espiritual del hombre contemporáneo. Al hablar así indudablemente no quise con ello envolver a todos los hombres del Occidente ni tampoco aislar a los del oriente, puesto que allá, también se dieron formas del pensamiento que soterraban las alternativas de la creatividad. En nuestro mundo es indudable que existen los espíritus creativos, pero debo hacer la diferencia en lo que es la norma y lo que es la excepción. La norma contemporánea, por desventura es la enajenación a la tecnología. Yo quería saber desde donde provenían sus orígenes. Es cierto que con lo que he dicho anteriormente no me acerco así de tantito a los orígenes de ésta línea, esto en todo caso sería cosa de estudios aparte. No, en realidad solo especulaba, soñadoramente quizás, colocándome en una época y en un modo de sentir el macros infinito de un pueblo. Tu actitud contemplativa me indujo a este monólogo –Daniela reaccionó volviendo la vista hacia él colocándose en la posición que tanto le agradaba; las piernas recogidas recargando el mentón en sus rodillas viéndolo a él con ligera sonrisa y en silencio –pero lo que has dicho al último –continuó él- sobre que la palabra griega es bella cuando habla del cosmos, he de decirte que no solo ahí se embellece su dicho si no en todas sus Odiseas cantadas aún con el drama que a muchas de ellas las envuelve. Es curioso afirmar que en el drama hay belleza, pero es su estética lo que devora esa ansia de experimentar la creatividad humana. Siempre, donde hay creatividad estética, nos agitará o enternecerá, según el comunicado de su contenido… y es aquí donde empiezan a rugir, por boca de un pasado prehispánico la protesta.
-¿la protesta contra el mundo griego?- interrogó Daniela con cierto dejo de burla amistosa.
-No contra ellos, que al fin y al cabo, de sus premisas filosóficas caminó el mundo un amplio trecho, si no porque con su palio se intentó cubrir a toda la humanidad como cosa ineductible e irrebatible. Ya hemos visto que se mantuvo al mundo indígena como cosa de formaciones primitivas o formativas como más adelante se intentó corregir, pero aún así se les guió y sigue marginando a majadas folklóricas, sin atender que el pensamiento suyo, tuvo un alto contenido, no ya digamos de calidad humana si no incluso de preceptos típicamente científicos que en honor a la verdad superó y en mucho a los pensadores griegos o incluso a toda gama de pensadores orientales que crearon los fundamentos de sus doctrinas, doctrinas que solo se conservarían en la exclusiva área de la metafísica. En nuestros sabios prehispánicos se dio la simbiosis majestuosa de la metafísica con la praxis. ¿De que manera una cosa dependía de la otra? Creo sinceramente que ambas debían su existencia una a la otra.
-De nuevo estoy igual que siempre; no te entiendo –expresó Daniela cambiando su luminosa sonrisa por la de una interrogación-, Me late, Víctor –continuó- que vas a hechar a perder esta bonita noche con tus polegómenos. Por qué no mejor te callas y oímos en paz esta bella música. Pon atención y verás que a ella ya se sumaron todos esos insectos nocturnos que tanto te gusta describir en tus trabajos…
-Por esa suavidad de los susurros es que me inquieto –interrumpió Víctor- por ellos, por la voz de Telemann y por esa enorme arcada que nos cubre con sus millones de titilantes luces es que me sobresalta la idea de no poder hablar ahora, en este preciso momento, de lo que se me enseñó por boca de los indígenas contemporáneos, ligadas a estas enseñanzas a las que he sobresacado de la historia prehispánica, llámese literaria, histografía o estética guardada en su arte. La calidad humana de aquellos hombres para deducir de este gran macros sus íntimos secretos –se detuvo unos segundos señalando el universo. Daniela presagió que él nuevamente la transportaría a un pasado casi palpable en la que él como caminante, acumuló enseñanzas, algunas de ellas dichas como cuitas salidas de hombres solitarios soterrados en las espesuras de los bosques; otras como alternativas dadas en protesta por aquella vida a la que habían sido marginados por la barbarie primero blanca y luego mestiza, otras más, dichas con el señorío y abolengo de los patriarcas herederos de la sabiduría lejana en el tiempo. Lo presagió y se acomodó en esa pose flácida tan suya dispuesta a gozar y a ¿por qué no, si siempre lo hacía?, discutir, polemizar algunas de las coyunturas filosóficas entresacadas de los relatos. A todo ello se sumaba la placidez cálida de la noche de verano, solo roto de cuando en cuando por un soplo silbador venido del Sur; el acoplo que los insectos hacían con el barroquismo de la música nacida del centro de la casa y la tranquilidad que se hacía transmutación a la que la fantasía y también –posiblemente- un íntimo secreto en él de volver a levantar su chumul y largar las piernas a los caminos para recoger, de boca de los indígenas, voces cargadas de leyendas en las que se traslucían verdades de sus antepasados registrados, sin saberlo el hombre moderno, en las obras estéticas. Era un íntimo deseo tan oculto que él no tenía la certeza de que así fuera, pero en ella, también algo existía, lo delataba sus constantes alejamientos en la imaginación; una vida soñadora la llevaba a otros asteriscos; quizás pronto se daría una nueva separación.
-recordando como el pueblo griego pobló el cosmos he pasado por alto la aportación egipcia e incluso la de un pueblo más atrás –continuó Víctor un tanto pesaroso ante la súbita idea de la separación pero consiente de que la felicidad se bebe hasta lo último-, sin intentar restarle belleza a su cosmología he de decirte que el Génesis prehispánico no tiene menos belleza y sí más de profundidad científica. Sin miedo puedo afirmar que tuvieron pleno dominio del concepto, de la categoría filosófica de la dialéctica, o sea, de las trabazones que originan y mueven el todo. Pero su enorme virtud estriba en que a una concepción cósmica dialéctica le adosaron las más extraordinarias formas de la estética sin paralelo a otras formas universales del arte, convirtiéndose así en una de las mayores aportaciones que pueblo ha dado al mundo. Por desgracia hasta hoy el hombre contemporáneo solo ha contemplado esta obra bajo el exclusivo punto de la estética sin imaginar siquiera el inmenso caudal que la génesis de su cosmovisión tiene de ciencia… No, no es sencillo deducirlo y menos aún explicarlo; habría que tener un pensamiento afín, sobre todo por lo complejo de los paralelismos, las metáforas, los sinónimos trasmutados de lo inerte a no nerte, las dualidades, verdaderas pluralidades del cosmos a la placenta femenina como todo pensamiento primitivo me dirás, pero no tan llena de esa vitalidad solo contenida en pensamientos estructurados. Ideas que llegan aún hoy en nuestros días casi podría decir, con su belleza original. Para comprenderlo te hablaré de un suceso con Tatita Pedro y luego te hablare de su contenido. Es una pequeña parte del Génesis Mesoamericano, una parte de la forma de interpretación de la creación de la vida y cómo constituyó en mí la llave de apertura para la interpretación de la cosmología prehispánica… Una vez, montando una jaca estropeada que me habían prestado para regresar a donde Tatita Pedro me esperaba –continuó Víctor, pero ahora dándole a su voz un tono de añoranza y posando su mirada en la lejanía oscura del Valle-, veía que la noche casi seguro me atraparía antes de cruzar el Río Blanco; eso desde luego no era motivo de preocupación, si no los relampagueantes llamaradas que chicoteando se desprendían del cielo hacia el lado en que bajaba el río. Sabía que si llovía fuerte en su cabecera se me haría difícil el paso del río por no decir imposible, así que azucé a la bestia, pero ésta parecería no entender las cosas de la naturaleza y siguió con su trotecito insípido que me desquebrajaba toda la estructuro ósea… -Daniela sonrió por la broma intercalada de Víctor mientras su voz se iba a alejando de la casa… Trémula se apeó al presente, retrocediendo el tiempo hacia los confines del Valle. Subió las montañas hasta llegar a sus Vértices y bajó por sus laderas rumbo a otros valles. Penetró a los bosques chiapanecos y sobre cayucos se trasladó de una a otra orilla de los ríos y pantanos; descansó en aguajes, siguiendo nuevamente hasta legar una soleada tarde al centro de la hacienda la Michoacana propiedad de Don Nico; un hombre obeso, sucio, ingrino y analfabeta, llegado hasta esos lugares por los vientos viejos de la Revolución…
-Pues nada, Don Pedro que el tal Don Nico no de buen grado me facilitó una de sus bestias –decía Víctor a Tatita explayando buen humor- pero teniendo buen cuidado de darme la peor. Y peor cuando la tormenta cayó despiadada, cuando la luz del día se terminaba; afortunadamente ya había llegado a la orilla del río. Busqué un buen vado pero por desgracia ya a mitad del río me llegó lo que tanto me temía; una avenida zarandeó el caballo e instintivamente solté mi morral que contenía mis escasas pertenencias para sujetar con ambas manos las riendas de la bestia. Y allá fueron, río abajo en tumultuoso juego mi fortuna contenida en el morral…
Tatita Pedro río fuerte -¡Eso, eso debí haberlo visto- se mofaba Tatita viendo a Víctor de pies a cabeza golpeándose las piernas con ambas manos mientras allá, en el fondo de las montañas continuaba la tormenta iluminando con los destellos de sus relámpagos la noche agitada –por hablador Quetza te ha castigado, Quetza ha puesto su fuerza sobre ti –continuó sin dejar de reír señalando los destellos. Víctor se sorprendió ¿Qué tenía que ver Quetzalcoatl con la lluvia, con los relámpagos? E inmediatamente vino a su memoria las tradiciones guaraníes donde en su cosmovisión existe analogía entre el Relámpago Colibrí con el Huitzilopochtli azteca ¿acaso, siguiendo un hilo filosófico-filológico que el Relámpago-Colibrí guaraní y el Huitzilopochtli azteca no vendría ser una faceta más del Quetzalcoatl mesoamericano, deidad creadora del Universo. Víctor recordó los dardos del terrible y temible Dios azteca y con ello recordó los dardos que hieren a la serpiente cósmica náhuatl sangrándola y de su sangre brotar la flor que es vida, y más atrás, en el tiempo en que se inició la cultura americana, la ave serpiente vomitando un hombrecillo en el espacio. ¿Que tanto sabrá tatita Pedro de la cosmogonía prehispánica? Se preguntaba Víctor. ¿Acaso su sabiduría se extiende más allá de las fronteras filosóficas de fuentes genuinas para llegar a la metafísica prehispánica? Mientras dubitativo veía, allá; hacia los fondos negruscos de las montañas cómo ellas eran heridas por los relampagueantes latigazos de la luz energizada Tatita Pedro reía y se burlaba de su condición de ánade salido del agua.
-Oiga Don Pedro –dijo al fin Víctor- que tanto sabe usted de Quetza, por qué lo identifica con los relámpagos.
-¡Humm! –exclamó Don Pedro tornándose serio- ¿Para qué queres vos saber eso, acaso vas a trastocar tu lucha terrena por una lucha cósmica? ¡Eh. A ver dilo!
-¿No cree acaso Don Pedro que defender un estilo de vida es también defender ese pensamiento? –polemizó Víctor- ¡Eh. A ver dígalo! –imitó al anciano. Tatita se rasco la cabellera viendo de soslayo a Víctor que terco le buscaba la mirada.
-¡Andá! –exclamó por respuesta Tatita Pedro- vamos a tomar café caliente que buena falta te hace a vos. Ya otro día hablaremos de eso –y diciendo encaminó sus pasos hacia el jacal seguido por Víctor.
Ya muy entrada la noche y mientras todos dormían, Víctor, desde su catre, atisbaba la arcada nocturna que, ya libre de la nublazón y la tormenta, centellaba con sus millones de luces lejanas –Quetza- murmuró mientras buscaba a Sirio para medir su lumínico tamaño y compararlo con la luz temprana de Venus. Una vieja inquietud empezó a tomar firme idea a la sola exclamación de burla de Tatita Pedro al identificar a Quetza con los rayos. Pensaba que no había distorsión en las ideas del pensamiento indígena si no una simple ocultación filológica incomprensible para el pensamiento occidental. No acaso entre los guaranís el colibrí forma parte de su génesis identificando éste con los rayos de las tormentas aparentemente por su similitud en el vuelo, pero ambos formando parte ideográficamente en la lucha de los contrarios: uno bebe del néctar de las flores y ello es vida, el otro castiga y destruye y ello es muerte; ambos son zurdos como zurdo es el Huitzilopochtli; la iconografía de Hitzilopochtli es el colibrí, porta el rayo, pero además de que el rayo es castigo es energía. Esta idea lo llevo rápido a la estela Olmeca donde el movimiento graficado como dragón ave emplumada que no es otra cosa que la primera ideografía del Quetzalcoatl, vomita al hombre y más adelante ya con una filosofía estructurada, la misma culebra es herida por el rayo cósmico o sea la energía y de su sangre, manada de la herida, brota la flor, que es vida –flor, rayo, culebra; inercia, movimiento, vida- murmuró nuevamente Víctor –son polifacetas de una misma idea: la dialéctica como causa y razón de la vida. Mirando las estrellas y tras el cansancio de la jornada se fue durmiendo lentamente.
Varios soles transitaron sobre aquellos campos en las que Víctor cohabitó con las gentes de Tatita Pedro sin atreverse a preguntar nada sobre temas de la filosofía Quetza a Don Pedro, temeroso de toparse con alguna incapacidad o imprudencia que tuviera consecuencias negativas sobre su labor. Sin embargo una noche, también de nitidez lumínica, el anciano se acercó a donde Víctor contemplaba las estrellas.
-Eso- dijo con su habitual modo de introducirse en los pensamientos ajenos- eso que tanto te inquieta, acaso mejor sería olvidarlo, pues ya no incumbe al mundo al que perteneces.
Eso ya no es la cuestión Tatita –respondió Víctor- pertenezca o no a mi mundo ese pensamiento, no es la cuestión, lo que importa es, que si tratamos de rescatar una cultura, ésta debe rescatarse íntegra y no fragmentada tomando solo apéndisis como lo sería si sólo tomásemos el arte, el canto o las danzas. No, eso no es posible. Si existe la menor oportunidad de rescatar también su filosofía por qué no hemos de hacerlo. No se engañe Tatita tratando de ocultarme lo que sepa. Nosotros a ello le llamamos cosmovisión. ¿Me entiende verdad?
-Eh, Así es –musitó el anciano- cosmovisión, ya eso lo había oído por boca de otros caxlames, es la visión nuestra de las cosas de cómo se engendró la vida. Eso es verdad. ¿Sabés vos? Lo diré solo una vez. Diré solo una vez aquello que ha venido de generación en generación para ser guardado como uno de nuestros tesoros. Vos sabrás que harás con esa nuestra visión y de cómo interpretes lo que nos fue enseñado por nuestros abuelos desde tiempos ya perdidos… el anciano bajó un poco la voz obligando a Víctor a acercarse más a su cuerpo para no dejar oír nada de lo que por fin iba a decir Tatita. –Quetza… rezo el anciano- Quetza nació con la muerte de la inercia. Así se nos fue dicho. Pero entendé –exclamó levantando de pronto la voz- entendé una cosa para no confundir. Hecha la creación la muerte también participa en el movimiento; deja de ser inercia pura, es, como vos decía, proceso. En nuestra visión, la muerte es vida; Quetza en su tiempo, vagando en el prolongado tiempo inerte tuvo que bajar a conocer la tierra y meterse a sus profundidades en busca del Reino de los Muertos, pero antes de hacerlo encontró triste a Quilaztli que llena de congoja le pregunto "señor, yo, la que hago germinar no puedo hacer brotar la vida en la naturaleza porque la muerte está inerte. ¿Qué hacer?" Oyendo este lamento Quetza le contestó "Bajaré al Reino de los Muertos solo por cuatro días y estando allí insuflare vida al corazón de Mictlantecutli" Y convirtiéndose en Xolotl se introdujo en las profundidades oscuras de la tierra. Ahí halló inerte a Mictlantecutli, lo abrazó en forma paternal y le insufló vida a su corazón y ya reaccionando el Señor de la Muerte se completó el proceso de movimiento; quedó terminado el Nau-ollin que es el símbolo de la lucha de los contrarios- Víctor al tiempo que oía el rezo filosófico de Tatita Pedro, repasaba mentalmente las imágenes de los códices y en el Borgia halló al Quetzalcoatl de Tatita dándole vida a la muerte que se cargaba a sus espaldas como símbolo de la dualidad.
-¿Pero cómo empezó este proceso Don Pedro?- interrumpió al anciano-. Nau-ollin es movimiento, es dialéctica, pero como empezó esta concepción…
-Esperá, no andés de prisa, te lo diré hasta donde yo lo sé Contestó Tatita parsimonioso-. La idea dada por la naturaleza llegó a los abuelos de los abuelos. ¿En qué forma? No lo sé a ciencia cierta. Pero si sé que Quetza vomitó en el cosmos al hombre. Te diré el porqué y el cómo: la serpiente estaba solita en los amplios espacios del universo; quería ataviarse con el verde jade de las aves para cantar la vida; quería adosar a su cuerpo el azul-turquesa de donde surge al caracol para regar con su agua los campos y germinar así a las flores; quería pintarse del color rojo-coral para que las cosas y los hombres murieran en ciclos constantes para dar movimiento a los astros; quería teñirse de negro-obsidiana para que se diera el Nadir y el Cenit; para que se diera el Norte y el Sur, el Este y el Oeste, para que se dieran los cuatro tiempos y rincones del Universo; quería enroscar su cuerpo, ataviado ya de colores y plumas, quería hacer la trenza para que su movimiento fuese infinito. Quería acercarse a Venus y quería lo mismo con Sirio a tiempos diversos para que existiera el espacio. Todo esto quería, pero se preguntó ¿A quién he de recurrir para que de mi nazca el movimiento, para que de mi nazca la vida; para que floreen las flores para que de sus polens se alimenten los colibríes que son las almas de los muertos? Preguntándose esto estaba, cuando desde lo alto de la gran arcada Huehueteotl dejó oír su potente voz inundando los espacios con refulgente luz "Te daré el movimiento" –gritó, y lanzando sus dardos cósmicos la hirió en su lomo sangrándola. Quetza gimió al sentirse lastimada pues en esos momentos estaba formada de viborita; el dolor era tan intenso que la contrajo. Chicoteando de dolor y sin darse cuenta fue formando la trenza que tanto deseaba; ello ya era el principio de los principios. Ya estaba el movimiento y mientras ella así se debatía de la sangre manada de la herida hecha por el Dardo Cósmico nacía la flor. "Ya eres movimiento" gritó de nuevo el viejo abuelo – ¡"Tu sangre es el alimento de la vida; ese es tu sacrificio! Ya te mueves y con ello estás haciendo el espacio. Ya nace de ti la flor que es vida y ya tu cuerpo se adosa con las plumas-verdes del Quetzal que es naturaleza. ¡Buscarás y tendrás a tu lado a Mictlantecutli el Señor de la Muerte como dualidad para que nunca fenezcas, serás el Uno y serás el Otro. El acabará lo que tu empieces, él hará el doblez de la vida, él abonará el fin para que tú te rehagas. Será tu principio y será tu final, el atará los nudos para que todo continúe. Así será durante todos los tiempos en que tú gobiernes.
"Nacerá y tendrás a Xochiquetzal como compañera de Primavera. Ella se encargará de vestir de bellos colores la naturaleza; dará el tinte a las flores, teñirá los cielos con arco iris, dará vida a los ciclos cerrados y abiertos de la naturaleza. Cuidará de adosar de alegría los campos. Cuidará de la belleza día a día, mes a mes, año a año, cada veinte meses, cada veinte días. Será de belleza serena y grácil, tendrá siempre a flor una perenne sonrisa infantil, sus manecitas de brazos recogidos, con las palmas a la arcada; su faldellín grecado y amplio, como palio divino, para que tenga mucha cubierta cuando sea mecida por los vientos Euros. Con ella el hombre tendrá siempre sus mazorcas a punto, sus calabazas con miel, los frutos hartados de los árboles; las aguas perfumadas por los lirios; los campos transformados en Campo Cahual, y los jardines con flores hartadas de polen para que de aquellas se nutran los colibríes que son las almas de los hombres-guerreros, que son almas de niños que no alcanzaron a dar y recibir amor, que son almas de las mujeres muertas en el parto merecedoras por ello de cruzar la gran arcada cantando sacras al Tonal."
"Te harás también Xolotl; El Deforme, El Penitente, El Humilde, el que no conoce la arrogancia, El Servidor. Serás mounstro nocturno, como perro de guía de los hombres que muertos transitan los caminos de las tinieblas, los llevarás hasta los caminos de luz; les enseñarás a ser humildes y a que hagan penitencia, a no ser arrogantes; pero también y como parte de la esperanza, como Xolotl subirás a los crepúsculos matutinos y cantarás como rito y rezo día a día durante el tiempo en que Seas: "Yo, acá, en este mi sitial, soy Venus acabado de nacer del Nadir. Yo, soy Venus luz que indica el nacimiento de un nuevo sol el que precede al arco del movimiento, el que guía a las almas a la luz. Yo, soy Venus hermano del día y de la noche, el que ato, el que se enlaza, el que anudo los contrarios. Yo soy Venus contrario de Sirio. Yo soy Venus, hermano-patrón-símbolo del agua". Así cantarás día a día durante el tiempo en que Seas. Serás el puntito de luz matutina al que los hombres reverenciarán y verán en ti al Quetza dador de la sabiduría y el arte. Tu color será el turquesa. Serás por aventura el artífice de las cosas bellas y cultas. Tamizarás el verbo a lo largo y ancho de la tierra. Tu nombre entonces será Tlahuizcapancecuhtli."
"Te harás Xipe-Tote. Reverenciado y conocido como nuestro Señor del Desollado. Así serás conocido, por ese nombre y así será tu figura, porque estarás cubierto por la piel ajada de lo caduco entreviendo, tras ella, el nuevo Ser-Cara de niño en el parto; porque es el renuevo, el movimiento continuo; de lo viejo surge lo nuevo; es la dualidad en otra de sus fases: caducidad y reinicio; así como entre los hombre será los mismo en la naturaleza. De las pieles muertas de todas las cosas nacerás como Xipe-Tote El Señor del Desollado… Así serás invocado.
"Pero no todo estará completo –siguió diciendo Huehueteotl- si tu voz en forma de viento no recorre las praderas y los bosques; las llanuras y las barrancas; los desiertos y las cimas o las sierras y las hondadas y para que eso suceda, para que surja potente tu voz, soplo y ventisca, te harás Ehecatl. Soplarás tus vientos de Este a Oeste para limpiar de basura los Campos Cahuales. Porque ellos son la integración espíritu-hombre-naturaleza, donde el hombre desdobla su humanidad, donde el hombre realiza su ser. Soplarás tus vientos de Norte a Sur para enfriar los calores que agobien a los seres de la creación; los soplarás con tal fuerza que ellos, tus hijos se verán en la necesidad de usar el ingenio al fabricar ropajes que cubran su desnudez, aprenderán a tejer y a hilar, aprenderán a usar el añil para que deslumbre de blancura sus mantos, huipiles, tocas y quesquemes; maztatls y zalliles serán bordados con ingenio y pintadas con azul añil. Al soplar tus vientos imitarás, al atravesar los bosques, el canto de las aves, el retozo de los cachorros, el rugido de los tigres y jaguares, y de ellos, el hombre sacará los sonidos que guste para soplarlos con sus flautas hechas de carrizo aprenderán a golpear sus tamboriles y teponachtlis. Cantará a su majestad la naturaleza vivificada por ti Quetza-Ehecatl. Pero también y como parte de su integración poli-dual te verás obligado a soplar vientos malignos, vientos negros cargados de pestes y enfermedades, calamidades tolvaneras y borrascas, angustias sin fin cuando sea menester castigar la vanidad de los que moran en tu reino. De tus adentros nacerán vientos zafos para ensuciar los campos haciéndolos yermos. De ti nacerán vientos que inhiestos llevarán las cargas de tus furias. De ti nacerán vientos cálidos, de acento dulce y bello como el zafiro: bellos o mortales, mecedores o violentos según sea el caso".
"Pero no creas Quetza que en esto estará toda tu personalidad, No –continuó diciendo Nuestro Abuelo Huehueteotl con su testa coronada de resplandecientes llamaradas", aún hay más que cubrir para completar tu Ser. También te harás Tlaloc; antifaz de culebras, como símbolo de tu origen y atributo: Señor Gobernador del Agua Serás. Derramarás tu precioso líquido sobre las cementeras de los hombres; a sus labrantíos les darás de beber; llenarás sus aguajes, sus pozos y sus cenotes; los lechos de los ríos se cubrirán de aguas corrientes para que también las bestias de los bosques se amamanten de ella. Con tus aguas los hombres limpiarán sus cuerpos de toda suciedad, denigrado será el sucio, el desaliñado, el de malos olores. Para todo ello servirán tus aguas. Serás temido e invocado porque no tendrás control de ti mismo pues estarás sujeto a los movimientos de los solsticios y equinoccios, veranos e inviernos, darás aguas a caudales hasta ahogar a las criaturas al derramarse por los bordes de los ríos; pudrirás los frutos, las mazorcas, los calabozos, los chiles y tabacos a fuerza de tanta humedad; harás pantanos donde florearán los jardines; mares lo que antes eran solo charcas. ¡Cascadas enormes y sonoras formarás para que impávidos ante tu grandeza los hombres poseen sus rodillas sobre los suelos!. Y así como impestivo, tranquilo en un momento llegarás, o te alejarás, te ausentarás calcinando con tu ausencia las tierras provocando sedes terribles, Darás la espalda a los lamentos de las criaturas. Obligarás a las bestias; tigres, jaguares y venados, conejos, tepezcuintles y armadillos; cochemontes, dantas y micos salir de sus madrigueras en la profundidad de los bosques en pos de ti; en tu busca afanosa. Las mismas plantas, antes lozanas se marchitarán. No habrá cosechas y los hombres sufrirán hambres. Así actuarás, este será también tu sino".
"También cantarás pero con melancolía la voz de quién te busca o teme. Y si aún la soberbia de quien habita la tierra es grande y desdeñosa hacia los dones que les obsequias, si no es suficiente con tener un cobijo, una semilla que germinar, un sonido musical para alegrar los caminos que tienen corazón; si no les basta habérseles otorgado espíritu capaz de encontrar la belleza en las piedras y lienzos; si la penitencia y humildad a que están obligados no es suficiente para castigar su vanidad y egoísmo, entonces trocarás tus imágenes y de bello, grácil y ligero colibrí te convertirás en terrible y potente rayo. Rajarás con tus alaridos los fuertes chicozapotes, los cedrales se derrumbarán con tus centellantes chicotazos, las caobas en tocones negruscos dirán, hablarán de tu furia, de tu gran enojo. Incendios pavorosos aluzarán los montes, las llanuras, los pastizales. Hornos serán las hondadas si allí cae uno de tus dardos. A las ciudades lanzaras tus rayos gritando "¡Eh vosotros, los orgullosos arrodillaos o mis zaetazos caerán sobre sus testas!" E incendiarás sus pobres chozas para atemorizarlos. Así actuarás; con tu enorme vozarrón vibrarán los cielos; romperás con quebradas líneas la arcada celeste. A ti tres mil veces temerán. Serás el Huitzilopochtli guerrero por excelencia; guardián del orden cósmico. Cuidador que los ciclos se cierren y se abran; atento a que nunca falte el alimento de lo que es movimiento. Protector de los que en lucha cósmica murieron, protector de los infantes que con sus vocecitas tiernas integrarán la luminosidad de las auras divinas, protector también de aquellas mujeres que por dar vida a un nuevo ser la muerte ganaron, a ellas también las amaras. No tendrás descanso pues de ti dependerá que el movimiento no se detenga, de ti dependerá que nunca sea apagado el fuego que tengo sobre mi testa. De ti dependerá, finalmente que el Todo sea infinito sea dialéctica, sea Nau-ollin".
"Detrás de todos tus atributos, recuerda, estará siempre el Señor del Cerca y del Junto que es en esencia el Dador de la Vida …"
Tatita Pedro fue bajando la voz mientras cristalinas aguas bajaban de sus ojos; el recordar su cosmovisión fue algo como lamento, algo como alegría, algo como si se perdiese en las profundidades de los tiempos un saber conteniendo mucho de sabiduría-poética. Algo como ya hecha leyenda la cultura de sus abuelos que los enajenara a una verdad dialéctica que rigió todos los pasos del hombre moral o científica. Un conocimiento que les permitió desdoblarse en un arte inimaginables para el mundo occidental: Arte y Filosofía ser manifestarían en una grandeza tal que al correr del tiempo se reconocería como una de las mayores contribuciones de pueblo alguno a la humanidad.
-Cuando Tatita Pedro terminó aquel bello coloquio –dijo Víctor despertando a Daniela que se había transportado a aquel mundo-visión-indígena-, no pude dejar de pensar en el fuerte raigambre que constituyen las filosofías fuertemente estructuradas, pero más por pensar en ello, en hacer de su coloquio un razonamiento lógico, desperté en un ensismamiento, de un largo retargo que como poesía se había apoderado de mi y quiera que no acompañe a Tatita Pedro en aquella su tristeza por el fin holocaustico de una visión de tan ricos matices. Recuerdo que mientras la voz de Tatita se iba alejando por entre los bosques como fantasma huidizo de una realidad moderna tan cargada de presagios funestos para el espíritu yo me levanté y caminé ido de mi mismo, entre el caserío sin finalidad alguna; quizás pensando en aquel sentido final que le daba como teogonía a un razonamiento, al concepto de la esencia: Lo Cerca y el Junto…
Daniela también suspiró apenas traída de nuevo al presente e interrumpiendo a Víctor, casi en un susurro dijo –El Dueño del Cerca y del Junto. Hermoso génesis. Dime Víctor- continuó diciendo visiblemente emocionada- ¿Ese último concepto filosófico es el que está personificado en el Tloque in Mahuaque? ¿Podría ser parte o esencia de lo que hemos visto como Pronta Divina?
-Ni mas ni menos –sonrió Víctor al contestar, sobre todo porque por primera vez en muchos coloquios se abstenía de polemizar Daniela, quizás sorprendida por un tipo de emoción de una génesis apenas empezado a comprender-. En el génesis prehispánico este difrasismo señala que es en el centro de donde se parte el todo. O sea, que en el movimiento se encuentra el principio de la creación, que en él está el dominio como presencia universal de Ometeotl en todo cuanto existe. Ometeotl como Dios Viejo o principio; principio incalculable por cuanto se desliza o se sustenta solamente por los senderos de la metafísica, naciéndose un Topan in Mictlan o sea lo que rebasa toda experiencia. Así, Quetza queda en el plano del acto del concertino; es el primer violín del universo teniendo tras de sí al gran Orquestador personificado en Ometeotl, el que no tiene principio puesto que es movimiento dialéctico; en disciplina filosófica, es el Topan in Mictlan, en teología será la Pronta Divina manifestada siempre en cada acto dado por la naturaleza y en cada acto dado por el hombre en acción recíproca.
Llamaría yo a ese tipo de conocimiento –dijo Daniela sonriendo- concepción idealista del mundo. Dialéctica es cierto pero idealista.
-Quizás -contestó Víctor- si no fuera por los fuertes principios de un materialismo dialéctico. El problema para nosotros es que su concepción en relación a nuestra propia concepción dialéctica está en el difrasismo empleado por ellos que es mucho más rico en poesía y arte de lo que permitiría las concepciones científicas modernas.
-Concepciones, teorías, teogonías, cosmovisiones, dialécticas de una y otra manera, difrasismos –rezaba Daniela-. ¿Para que todo ello si solo nos basta, para deleitarnos, con la voz del génesis –continuó casi en susurros dirigiendo nuevamente sus ojos hacia la hermosa arcada celeste adivinando los movimientos de los mellizos Sirio y Venus, como parte de lo que todo ata, y pensó en aquellos sabios-filósofos prehispánicos llamados y reverenciados como los Topan Mictlan Quinati o sea los que indagan aquello que existe más allá de las simples experiencias ordinarias, lo que se da como esencia en cada cosa y en el todo.
Con el término de la música, terminó la ensoñación y Víctor llevando a Daniela por la cintura se dirigieron en silencio al interior de la casa.
Amanecía cuando Daniela, despertada ya desde poco antes, sintiendo un vago sentimiento de soledad en el ambiente, se levantó y dirigiéndose instintivamente hacia la puerta de salida, cubierta solo por un camisón y recibiendo la frescura de la atmósfera mañanera se encontró con algo que aunque ya esperado la inquietó. Clavó su mirada sobre el césped que se prolongaba varios metros hacia la fuga de la montaña y allí, como un especie de sortilegio y aún con el aroma de pasto quemado leyó el mensaje que le dejaba Víctor; un Vergiss míen nicth que delataba tristeza y esperanza. Una sonrisa, también mezcla de tristeza, melancolía y buen amor, acompañada de una ligera y cristalina agua, apareció en su rostro. Alzó la mano hacia el horizonte Sur por donde se suponía había caminado Víctor y le despidió: Bona Ventura; dijo luego, mirando la bóveda celeste, sobre más allá de la arcada, dentro del alma de las magnas constelaciones, imaginó la vida teísta de los astros en conseja infinita sobre los quehaceres cotidianos; miró la luz venusina sobre una áurea que se levantaba y pensó que Víctor, en algún otro punto y en ese mismo momento también la saludaba como compañera mañanera de un espíritu caminero: Siro y Venus serán los mellizos que vigilarían su andar.
México D.F diciembre 1979.

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